Mario Levrero-Cuentos Cansados
CUENTOS CANSADOS
Un día
NICOLÁS: Contame un cuento.
YO: No; estoy cansado.
NICOLÁS: No importa que estés cansado. Contame un cuento igual.
YO: Bueno, pero sería un cuento cansado.
NICOLÁS: Sí, sí. No importa que sea un cuento
cansado.
YO: Bueno. (Bostezo). Había una vez… (bostezo)… había una vez un señor
que estaba cansado. Muy cansado. Estaba tan cansado
que no podía ir
hasta su casa para acostarse a dormir. Entonces… (bostezo)… entonces
abrió el paraguas que llevaba, lo puso al
revés en el suelo, y se acostó a
dormir adentro del paraguas. Y durmió y durmió, hasta que empezó a
llover. Y llovió, y llovió, hasta que el paraguas se llenó de agua, y el señor
empezó a ahogarse y se despertó gritando «me ahogo, me ahogo».
Entonces se levantó y vio que estaba lloviendo, y agarró el paraguas para
protegerse de la lluvia, pero como el paraguas estaba
lleno de agua se
volcó toda el agua encima y se mojó todavía mucho más. Y aquí termina
el cuento.
NICOLÁS: Otro.
YO: No, otro cuento no. Estoy muy cansado.
NICOLÁS: No importa; que sea un cuento muy cansado,
entonces.
YO: Pero mirá que estoy muy, muy, muy cansado.
NICOLÁS: Pero yo quiero un cuento que sea muy, muy, muy cansado.
YO: Bueno (bostezo). Había… (bostezo)… una… (bostezo)… vez… (bostezo)
… un señoooor… había una vez un señor que estaba muuuuy cansado,
pero muuuuuuuuy cansado… (bostezo). Estaba tan cansado que no podía
ni mover los pies, y como su casa estaba lejos, pero
muuuy… (bostezo)…
leeeeeejos, entonces empezó a estirar la nariz, y estiró y estiró la nariz, y
después empezó a estirar el pescuezo, y después los braaaaazos…
(bostezo)… y el trooooonco… (bostezo)… y se estiraaaaba, y se
estiraaaaaba, y después las piernas, y entonces llegó primero a la casa la
nariz del señor, y después llegó la cabeza, y el señor metió la nariz y la
cabeza por la ventana y apoyó la nariz y la cabeza en la cama;
después fue
llegando el resto del cuerpo, que se había hecho muy largo y finito,
porque los pies estaban muy lejos, y todo el cuerpo se
fue metiendo en la
cama; y al final de todo, cuando estaba todo el cuerpo
acostado en la cama
y sólo faltaban los pies, los pies se
separaron del suelo y las piernas se
fueron acortando como elásticos y así los pies llegaron a toda velocidad y
se acostaron también en la cama, y el señor se durmió, y aquí termina el
cuento.
NICOLÁS: Otro.
Otro día
NICOLÁS: Contame un cuento cansado.
YO: No, porque estoy muy cansado, y si cuento un cuento cansado me voy a
cansar más todavía.
NICOLÁS: No importa; quiero que me cuentes un cuento cansado, y que te
canses todavía más así después me contás un cuento muuuuy cansado.
YO: Bueno. Había una vez… (bostezo)… un señor… (bostezo)… un señor que
estaba cansado; estaba muy cansado; tan cansado… (bostezo)… pero tan,
tan cansado que ni veía; y entonces creyó que había llegado a su casa y
abría la puerta y entraba y se acostaba en
la cama, pero en realidad…
(bostezo)… en realidad estaba en el zoológico y había abierto la jaula de
los monos y se había acostado en la cama de los monos y
apenas los
monos lo vieron… (bostezo)… lo empezaron a agarrar para la farra, lo
agarraban de los pies y lo tiraban para arriba, y otro
mono lo agarraba en
el aire con la cola y lo hacía hamacarse un rato cabeza abajo y
después lo
dejaba caer, y venía otro mono y lo abarajaba en el aire
y lo sacudía y lo
hacía rodar como si fuera una bola, empujándolo con los pies por todo el
piso de la jaula…
NICOLÁS: Los monos no tienen pies.
YO: Bueno, lo empujaban con las manos de las patas traseras por todo el
piso
de la jaula, hasta que el señor se dio cuenta de que lo estaban
agarrando
para la farra y salió corriendo de la jaula, y estaba más cansado que antes
y no veía nada, y se metió en el foso de las focas, que en seguida también
lo agarraron para la farra y lo hacían dar vueltas en la punta de la nariz,
pero el señor estaba tan cansado, pero tan, tan,
tan cansado que igual se
durmió dando vueltas en la punta de la nariz
de las focas, y durmió y
durmió y durmió hasta que al fin se despertó y se fue para la casa, y este
cuento ha terminado.
NICOLÁS: Otro.
YO: No.
NICOLÁS: Pero yo quiero otro cuento.
YO: No, porque estoy realmente cansado; muy, muy, muy cansado.
NICOLÁS: A mí no me importa que estés cansado.
YO: Pero es que el cuento también sería un cuento realmente muy, muy, muy
cansado.
NICOLÁS: Y yo quiero un cuento realmente muy, muy, muy cansado.
YO: Bueno. Resulta que…
(bostezo)… había… (bostezo)… una… (bostezo)…
vez… un… señor… que… (bostezo) (ronquidos).
NICOLÁS: ¡Eh! ¡No te duermas! ¡Seguí con el cuento!
YO: Había una vez… (bostezo)… un señor que tenía tanto sueño… (bostezo)
… pero tanto tanto tanto sueño que no podía más de sueño y quería llegar
rápido a su casa y entonces… (bostezo)…
(respiración pesada)…
NICOLÁS: ¡Eh!
YO: (sobresalto)… y entonces se subió en un patín que un niño había dejado
en la calle y como toda la calle era cuesta abajo se
fue con el patín para su
casa, pero tenía tanto sueño pero tanto tanto tanto sueño que se durmió en
el patín, y rodando y rodando cuesta abajo
llegó al mar y se cayó al agua y
se hundió y se durmió en el fondo del mar. De pronto vino
un pececito y
lo tocó en el hombro: «Señor, señor, si se duerme abajo del agua se va
a
ahogar», y el señor se despertó gritando «Socorro, me ahogo» y salió a la
superficie y nadó y nadó y nadó y llegó hasta la playa y se durmió en la
playa, y aquí termina el cuento (ronquidos).
NICOLÁS: Otro.
Otro día
NICOLÁS: Quiero un cuento cansado, y después otro muuuuuuuy pero
muuuuuuuy cansado, y después otro realmente muy, muy, muy
cansado.
YO: Bueno. Había una vez un señor… (bostezo)… un señor… (bostezo)… un
señor que estaba muy pero muy cansado.
Entonces fue a su casa y se
acostó y se durmió… (bostezo)
(gruñido) (respiración pesada)
(ronquido).
NICOLÁS: ¡Eh! ¡Eh, eh, eh! ¡EH!
YO: (sobresalto)… entonces, cuando el señor estaba bien pero bien dormido,
entró un ladrón por la ventana y empezó a llevarse todo; agarraba las
cucharitas y las pasaba por la ventana a otro ladrón, que estaba afuera
esperando, y el otro agarraba y las iba poniendo en un
camión muy
grande; le pasó las cucharitas, y después los vasos, y las cucharas, y los
tenedores, y los cuchillos, y después el armario, y después la mesa con
todo lo que tenía arriba, y las cortinas, y la
alfombra, y el sofá, y las sillas,
y le fue pasando por la ventana al otro todo lo que
había en la casa; hasta
los clavos para colgar los cuadros; y también le sacó las frazadas al señor
que estaba durmiendo muy cansado… (bostezo)… muy cansado…
(bostezo)… muy, pero muy, pero muy cansado… (bostezo) (silencio).
NICOLÁS: ¿Y?
YO: (silencio).
NICOLÁS: ¡Eh, eh, eh, EH! ¡El cuento! ¡Eh!
YO:… y el señor seguía durmiendo, y durmiendo, y el ladrón le sacó las
sábanas, y la almohada, y después le sacó el colchón y después le sacó la
cama, y después pasó también al señor que estaba durmiendo por la
ventana y lo pusieron en el camión con todas las cosas y se llevaron todo.
Pero vinieron unos policías y los pararon: «ustedes qué llevan ahí», y les
hicieron abrir las puertas del camión y como vieron que habían robado
todo los amenazaron con un palo y les dijeron que
pusieran todo como
estaba antes. Entonces fueron los ladrones y pusieron
otra vez cada cosa
en su sitio, y después pusieron al señor en la cama y lo taparon con la
sábana y con las frazadas, y después los policías se los llevaron presos. Y
cuando el señor se despertó, dijo «qué bien dormí», y aquí termina el
cuento.
NICOLÁS: Otro.
YO: No, mirá, estoy muuuuuuy, pero muuuuuuuuuuuy, pero
muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy cansado…
NICOLÁS: No me importa. Quiero un cuento muuuuuuy, pero muuuuuuuuuuuy,
pero muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy cansado.
YO: Está bien (bostezo). Había… (bostezo)… una… (bostezo)… vez…
(bostezo)… un señor que estaba muuuuuuuuy… (bostezo)… pero
muuuuuuuy cansado. Entonces se dijo: «voy a tomar un ómnibus para ir a
mi casa y acostarme a dormir». Y vino el ómnibus y lo tomó, y el señor se
sentó en un asiento del fondo y se quedó dormido, y se fue resbalando y
quedó oculto durmiendo en el fondo; y el ómnibus llegó a destino y volvió
a salir hasta llegar al otro destino, el mismo de
donde había venido antes,
y allí sí, el guarda se dio cuenta de que había un señor durmiendo y lo
despertó y lo hizo bajar. El señor dijo: «pero si todavía estoy más lejos de
casa que antes», y tomó otro ómnibus, y volvió a pasar lo mismo, y otra
vez se tomó otro ómnibus y volvió a pasar lo mismo, y el señor siempre
llegaba al mismo sitio; hasta que al fin, con todo lo
que había dormido en
los viajes se sintió descansado, y se fue para la casa
caminando, y aquí
terminó el cuento.
NICOLÁS: Otro.
1983


Comentarios
Publicar un comentario