Philip Dick-Sobre La Desolada Tierra
Philip Dick-Sobre la desolada tierra Silvia corrió riendo bajo la luminosidad de la noche, entre las rosas, las dalias y las margaritas, bajó por el sendero de grava y dejó atrás los montones de hierba recogida de los jardines. Las estrellas, atrapadas en los charcos de agua, brillaban por doquier, mientras la joven se abría paso entre ellas y llegaba a la pendiente situada al otro lado del muro de ladrillo. Los cedros sostenían el cielo y hacían caso omiso de la forma esbelta que corría, el pelo castaño al viento y los ojos centelleantes. —Espérame —protestó Rick, mientras la seguía con precaución por el sendero que no conocía muy bien. Silvia no se detuvo—. ¡No corras tanto! —gritó, irritado. —No puedo, es tarde. Silvia apareció de improviso frente a él y le cerró el paso. —Vacía tus bolsillos —jadeó. Sus ojos grises refulgían—. Tira todas las cosas de metal. Ya sabes que no soportan el metal. Rick registró sus bolsillos....