Leonora Carrington-Mi Madre es Una Vaca

 



Leonora Carrington-Mi Madre Es Una Vaca

 

 

Nuestra familia es modesta, mi madre es una vaca. Más bien, mi madre es un ventilador con cara de vaca. ¿Quién es ella? ¿Acaso vive oculta detrás de su ser ventilador?. Una cara que oculta otra que oculta… ¿Quién soy yo para decirlo? . Preguntamos aquí, ¿Quién eres? .Se ríe, pero recibe ofrendas de cierto tipo. Los que la conocemos la llamamos santa, pero somos muy pocos.

Nuestros pequeños santuarios están vacíos, solamente contienen la cabeza con cuernos de mi madre. Cada uno de nosotros da lo que tiene para ofrecer. Las ofrendas vuelven a los seres humanos como pequeñas verdades, grandes verdades., verdades medianas o, con frecuencia, como mentiras declaradas y mentiras piadosas. Todo depende de lo que hacemos con ellas, ya que las ofrendas en sí suelen ser bastante tortuosas: lágrimas y miel, aullidos y tabaco, resinas ardientes, chocolate, noches sin sueño. Ocre rojizo, lechada de cal, hollín.

Sin embargo , mi propósito es contar cómo es que fui a consultarla y lo que me contestó. Esto fue lo que pasó:

Durante años he sido prisionero del grupo ahora conocido como los Observadores. Estos grandes hipnotistas no tienen ídolos, su magia es poderosa y su apetito insaciable. Prosperan en la miseria, pero escogen a sus víctimas con gran delicadeza. Evocan la compasión, pero no la ejercen. Poseen conocimientos ilimitados, pero no comprensión, y eso les otorga el poder del odio absoluto y concentrado.

Así pues, cuando me capturaron, me llamaron Sin, es decir Pecado. Habían olvidado que Sin era el nombre de una diosa a la que habían asesinado.

A veces lo recordaba, otras lo olvidaba. Sufría intensamente.

El sufrimiento producía un alimento especial para ellos, que yo confundí con una vitamina.  Pensé que si les daba suficiente dejarían de recolectarlo de mi plexo lunar y quedarían satisfechos, ¿Quizá enriquecidos?.

Por supuesto, no fue así. Enfermé cada vez mas.

Invoqué la imagen astada de mi madre, le pregunté si deseaba mi muerte y , si no era así, le pedía una cura.

Me dijo que su santuario abandonado debía consagrarse de nuevo, pero que las puertas debían estar cerradas y la nueva entrada ser una espiral. Espiral, dijo, como una escalera umbilical que sale del cuerpo humano; eso es muy sagrado. Y mientras las puertas estén cerradas, estarás seguro y yo no te dejaré, me dijo.

Lo hice exactamente como me lo había solicitado. Los observadores permitieron la consagración después de pagarles seis galones de sangre salada.

Un marinero de la nave de Ulises, que había sido un héroe , también era cautivo de los Observadores        . Lo habían convertido en un contador, aunque su memoria había quedado afectada. Aún así, recordaba cómo mi tía lo había convertido en cerdo, por hacer una broma, y cómo sus hijas, las sirenas, habían querido hacerle el amor, porque los delfines les parecían impotentes en comparación con ese guapo marinero. Seguía enojado, aunque las guerras en esa época estaban suficientemente cerca de la naturaleza como para que los enemigos acabaran amándose. Así que nos hicimos amigos, bajo la devoradora  vigilancia de los Observadores. El marinero recordaba nuestros pequeños y vacíos santuarios del pasado. Nunca, nunca abras las puertas, dijo, o estarás en peligro. Siempre tenía mi bienestar en mente.

Su pequeño santuario estaba herméticamente sellado, pero había estado a punto de costarle la vida; yo solamente había tenido que pagar seis galones de sangre salada.

Así sucedían las cosas cuando cierta combinación estelar producía sucesos en los que la presencia de los dioses se volvía directamente discernible para determinados seres humano; los que tomaban parte en la danza y otros.

Yo participé en la danza y me mordió en el estómago un tiburón come hombres  disfrazado de arlequín.

Cada error que cometemos en esas danzas debe ser convertido en una pregunta, de otro modo se vuelven fatales para los seres humanos.

El marinero, que veía la danza desde el bar, estaba horrorizado con mi torpeza y me dijo que lo menos que pasaría es que me rompería la pierna. Además, se negó a unirse a la danza. Había pasado con demasiada frecuencia, afirmó. Creo que yo le daba vergüenza, ya que desde el principio él había visto al arlequín como tiburón.

Sólo pude decirle que no era un tiburón de verdad. No sé si el marinero me entendió cuando me separé del rebaño que bailaba la gavota para decirle lo siguiente: que los caminos de mi astada madre eran extraños. Ya que ella había elegido hacerme bailar de nuevo, no podía hacer otra cosa.

-Mientras más ignorantes somos, más de cerca participamos.

Pero ya he planteado preguntas antes, así que sé que estoy bailando.

-Vete ahora mismo, o probablemente acabarás rompiéndote el cuello –dijo el marinero.

Seguí bailando en mi grotesco disfraz, no sin antes decirle:

-Me siento sola y miserable, pero llevo puesta mui última piel. Ya que tú estás prácticamente cara a cara con los dioses, no me abandones.

En lenguaje humano, a eso se le llama amor.

Volvía a bailar con mis pies ardorosos, que se sentían cada vez más pesados, hasta que terminé dando saltos como un caballo de tiro con muñones ensangrentados.

Luego di un giro equivocado en el baile y los Observadores, vestidos de púrpura como verdugos, se metieron  entre la multitud que daba vueltas para sacarme y dejarme en confinamiento solitario, con una dieta de carne de tiburón podrida.

Después de mi paso en falso me presenté ante la diosa astada. Su santuario había sido profanado, las puertas estaban abiertas de par en par, el suelo cubierto de excremento de tiburón, el altar hecho un caos.

Me sentía tan profundamente miserable que no pude agarrar la escoba sagrada. Me quedé toda la noche en el santuario, llorando amargamente e implorando la presencia de mi madre, quién se había retirado.

-Héme aquí, santísima, en mi desesperación. Déjame desintegrarme en medio de los mas terrible sufrimientos-supliqué.

Pero la diosa seguía ausente.

Lloré amenacé, rogué, traté de romperme la cabeza contra la pared. Sólo cuando llegó el amanecer me di cuenta de que no había hecho ninguna pregunta. Así que lavé mi rostro terriblemente descompuesto y me presenté de nuevo frente a la imagen astada.

-¿Porqué soy humana?-pregunté.

La diosa no tiene boca, lengua, ni cuerdas vocales. Su presencia desafía las descripciones, pero es absoluta. Por eso, debo pretender que la comunicación que se estableció a continuación se dio mediante lenguaje humano.

Su respuesta fue: ser una criatura humana es ser una legión de maniquíes. Esos maniquíes pueden ser animados de acuerdo con la elección del individuo. El o ella pueden tener tantos maniquíes como desee. Cuando la criatura entra en el maniquí, de inmediato cree que es algo vivo y real, y mientras lo crea seguirá atrapado dentro de la imagen muerta, que se mueve en círculos cada vez mas amplios, alejándose gradualmente de la Madre Naturaleza. Cada individuo le da nombre a sus maniquíes; casi todos comienzan con la afirmación “yo soy” y siguen con una sarta de mentiras.

-¿Y cuál es la utilidad de esos maniquíes, venerada?.

-Sin ellos los humanos no podrían comunicarse entre sí, sólo podrían unirse al hacer el amor o luchando con sus cuerpos de carne, sangre y huesos. Mediante los maniquíes pueden hablar entre sí, hipnotizarse, dominarse y dedicarse a otras estimulantes actividades, como el sufrimiento , la felicidad, el gozo estético , la importancia de sí mismo, la política y el futbol, entre otras-explicó la diosa.

-¿Qué es el sufrimiento?-pregunté a continuación.

-Es la muerte o desintegración de uno o más de esos maniquíes-contestó-. Sin embargo, mientras más maniquíes muertos deje atrás una criatura, más cerca se encontrará de abandonar la condición humana para siempre. El único problema es que cuando un ser es obligado a abandonar la presencia inventada de un maniquí desocupado, muchas veces ya está construyendo otros maniquíes mas grandes y mejores para habitar en ellos.

-¿Entonces todos los maniquíes son vampiros?

La dios respondió:

-Los maniquíes son como el gran pentágono cabalístico llamado Muerte fecundado con Vida, girando eternamente y pasando por las doce casas.

-¿Cómo puedo abandonar el círculo, reverenciada?.

-Cuando mueres sales del círculo.

-¿Cómo puedo salir del circulo sin pies?-Insistí. La diosa escuchó complacida mi maliciosa pregunta y su risa fue como lluvia en el techo de mi cabeza.

-Debes tejerte un cuerpo con hilo de araña-afirmó.

Por supuesto, yo ya me había dado cuenta de eso, pero desgraciadamente había desperdiciado mi hilo en hacer más y más maniquíes.

Asi que poco a poco fui recogiendo las hebras  y ahora, aquí sentada, estoy tejiendo de nuevo, como el marinero griego predijo.

Estoy sentada aquí en el zigurat , sabiendo que balé porque era la única manera de matar a otro maniquí., cuyo nombre era “sigo siendo bastante atractiva y moriré si no consigo algo de amor humano. Todos necesitamos amor, no importa la edad que tengamos. Además, si bailo lo bastante rápido , quizá incluso pueda liberarme del os Observadores”.

La diosa astada , contrariando expectativas , volvió a levantarse al amanecer.

-Pero ¿Por qué  soy humana, venerada?. ¿Qué hice para merecerlo?. Humana significa escrita con carne y la palabra es dolor dolor y mas dolor. Y, ¿quién fue el brujo de Nazaret?.

-Un jeroglífico escrito con sangre, que tiene sentido si la historia comienza con la crucifixión y se lée de atrás hacia adelante. A  Cristo encarnado lo despojaron  de su padre en la cruz.

-Entonces ¿no hay aprendizaje?.

-No lo hay. La comprensión se refiere sólo a lo que está escrito en la materia viva, primordial. Los seres primordiales sin sombra son letras que forman palabras ilegibles para ti. Su condición es el sufrimiento continuo, porque están desnudos, despellejados. Su torrente sanguíneo no cuenta con defensas.

-Quienes son?

-Quienes ya no pretenden saber quien son .

                                                                (Mediados de los años cincuenta)

    


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