Mario Levrero-Ya que estamos




YA QUE ESTAMOS (Mario Levrero)

                                                                                            A Lil

Primera parte


Encuentro fortuito en un parque


Capítulo primero


La luz en la ventana


1.1 - Se trata de varias figuras que buscan su equilibrio. Las figuras son

elementos de un sistema. Cada una de ellas es indispensable para que el

sistema sea tal. Se descartan otros sistemas propuestos. El movimiento de las

figuras es constante.

1.1.1 - Las figuras no son iguales entre sí, aunque son equivalentes en su

importancia con respecto al sistema. Las diferencias perceptibles se refieren a

la forma, tamaño, volumen, peso, color y velocidad. Estas cualidades suelen

variar en una misma figura pero no lo suficiente como para que sea imposible

individualizarlas.

1.1.2 - Se dice que esa búsqueda de equilibrio de las figuras en movimiento

permanente «es el equilibrio del sistema».

1.2 - Se trata de varias figuras imprecisas que buscan su equilibrio en un

espacio tridimensional y en el tiempo.

El movimiento de cada una de las figuras es uniforme, pero la velocidad

no es la misma en todas ellas —aunque las diferencias son leves. Todo

movimiento es curvilíneo y, desde el punto de vista del observador standard,

lento.

En la búsqueda del equilibrio del sistema cada figura conserva una

distancia óptima con relación a las otras figuras; así, el movimiento está

determinado en buena medida por los impulsos internos, pero también por la

disposición o configuración cambiante de las demás figuras.

1.3 - Se conocen sistemas en los cuales la dinámica de búsqueda del

equilibrio está dada por la polaridad alternante de sus elementos.

1.4 - Se verifica la existencia de sistemas vacíos, que funcionan en estrecha

dependencia con otros sistemas. Ellos no contienen elementos propios ni

límites propios. Se definen por los espacios que instante tras instante

abandonan los elementos de cualquier sistema; el conjunto de estos espacios,

en un sistema, se denomina instante tras instante sistema vacío.

La totalidad de sistemas vacíos que ocupan la totalidad de instantes de un

sistema se denomina sistema vacío propiamente dicho y su dinámica se define

como «la inversa de la dinámica del sistema dependiente (no vacío)».

1.5 - Se denominan naturales o espontáneos aquellos sistemas no provenientes

de una propuesta. Los provenientes de una propuesta se denominan

artificiales. Las propuestas o actividades de experimentación ejercidas sobre

los sistemas naturales transforman a éstos en sistemas naturales modificados.

1.6 - Se denominan cerrados aquellos sistemas independientes de otros y no

cerrados o abiertos aquellos dependientes de otros.

1.6.1 - En rigor, no existen sistemas absolutamente abiertos o absolutamente

cerrados; la denominación designa al carácter predominante.

El sistema abierto más próximo al ideal absoluto es el sistema vacío; por

contraposición, se piensa en un «sistema lleno» ideal de sistema cerrado.

1.6.2 - Se describen por ejemplo sistemas cerrados naturales en los cuales los

elementos o figuras del sistema han pasado a integrarse o a confundirse con

sus límites.

1.6.3 - Cuando se quiere evidenciar el carácter relativo de un sistema, se lo

designa como sistema cuasi-abierto o cuasi-cerrado.

1.7 - El medio en el cual se mueven las figuras que integran un sistema se

considera también como una figura o elemento del sistema (figura-medio).

Se estudia la interacción de las figuras con la figura-medio, y se tiene en

cuenta la posibilidad de un intercambio entre unas y otra que arroje nueva luz

sobre el enigma de la determinación endógena o exógena de las figuras y de

su movimiento.

Se calcula asimismo una velocidad absoluta para el movimiento de

búsqueda de su equilibrio, a partir de la velocidad relativa de las figuras y su

relación con la densidad y otras características del medio (resistencia).

1.8 - Se propone aislar un elemento de un sistema para su estudio.

Cada elemento de un sistema se considera él mismo un sistema abierto (o

subsistema) por su relación de dependencia con los demás elementos así

como por su capacidad de contener a su vez elementos (o subelementos).

Se propone aislar para el estudio de su dinámica interna como sistema

cerrado a un elemento o subsistema, descartando para esa finalidad las

influencias exteriores.

1.9 - Se propone complicar el estudio de un sistema por la introducción de

elementos sónicos (sonoros).

Se estudia en principio la posible variación en el funcionamiento de un

sistema por la introducción de un único elemento sónico. Se elige un

elemento sónico monocorde intermitente de tonalidad media.

Se propone ir introduciendo luego nuevos elementos sónicos que se

caracterizan por presentar pequeñas variantes con respecto del primero, en

color, altura e intensidad del sonido.

Los resultados se irán anotando en planillas apropiadas.

1.10 - Se trata de un sistema con dos figuras antropomórficas que actúan por

oposición.

1.10.1 - Una de las figuras se describe como la de un varón adulto, de pie, con

la pierna derecha ligeramente flexionada sobre el pie derecho un poco

adelantado con relación al izquierdo y el brazo derecho estirado rígido hacia

adelante y el izquierdo cayendo flojo a un costado del cuerpo.

La otra figura se describe como exactamente equivalente a la primera, y

su posición como simétrica con respecto de la primera, siendo el eje de

simetría un plano vertical.

La mano derecha de la primera figura oprime la mano derecha de la

segunda, y recíprocamente.

Ambas figuras intentan vulnerar el equilibrio de la otra, tirando hacia sí,

descargando a los efectos el peso del cuerpo sobre la espalda y sobre el

hombro izquierdo. En esta tensión de búsqueda del desequilibrio del opuesto

radica al parecer la búsqueda del equilibrio del sistema.

1.11 - Se trata de un sistema con multitud de pequeñas figuras disímiles con

diversos estereotipos de movimiento.

Todos los movimientos se producen exclusivamente sobre el límite

inferior del sistema, donde la densidad del medio parece ser la más apropiada

para la existencia de las figuras.

Se destacan algunas figuras de diversas formas por su color anaranjado

fuerte, que contrastan con el resto, de tonalidades y coloraciones menos

llamativas, obscuras, opacas, cuando no grisáceas.

1.12 - Se trata de figuras antropomórficas en cuclillas, dispuestas en forma

circular en torno a una figura central de forma altamente cambiante.


Capítulo segundo



Los monigotes de papel


2.1 - Se han separado los elementos pertenecientes a un sistema en:

puntiagudos, cortantes, puntiagudos y cortantes, y no puntiagudos ni

cortantes.

2.1.1 - Aunque el resultado de esta operación no presenta dudas en cuanto a la

corrección de cada uno de sus pasos, no se advierte que ello represente alguna

variante en el funcionamiento del sistema y no se comprende la necesidad de

tal operación.

2.2 - Un sistema integrado por multitud de elementos puntiformes funciona

por concentración/dispersión de sus elementos.

Estos buscan el punto de concentración absoluta —el cual es definido

como el punto aquel en que cada uno de los elementos está a una distancia

cero del resto.

El punto de concentración absoluta es ideal; en la realidad sólo puede

observarse un punto de concentración óptimo, a partir del cual los elementos

sufren un proceso inverso (dispersión), cuyo punto ideal es la máxima

distancia posible entre los elementos. En este caso, y siempre dentro de los

límites del sistema, el punto ideal y el punto óptimo pueden llegar a coincidir

en la realidad.

2.3 - Se busca mejorar el funcionamiento de un sistema propuesto mediante la

introducción de nuevos elementos, no pertenecientes inicialmente al sistema.

Se comprueba que esta introducción no altera el funcionamiento del

sistema original en ningún sentido, excepto en el caso de que la introducción

de nuevos elementos sea tal que llegue a entorpecer físicamente o a impedir

por completo el movimiento de los elementos del sistema original en la

búsqueda de su equilibrio.

2.4 - Se propone un sistema donde las figuras semejan burbujas de aceite.

Se introducen elementos metálicos puntiformes en movimiento continuo

que fragmentan azarosamente las figuras.

Se estudia el efecto en cada una de las figuras, en el conjunto y en el

funcionamiento del sistema.

2.5 - Se propone la introducción de elementos colorantes (tinturas) en un

sistema natural o artificial preexistente; se propone visualizar las figuras sobre

un fondo aterciopelado neutro; se introduce la idea de conseguir efectos

táctiles distintos, de acuerdo con variantes en la longitud y en el espesor de

los pelos.

2.6 - Se propone un sistema integrado por elementos diversos, cuya dinámica

incluye solamente movimientos rectilíneos uniformemente acelerados, con un

mecanismo que recuerda al de los relojes cucú, las balanzas y otras

aplicaciones de la masa como principio motor, así como la aplicación variada

de la ley de acción y reacción y los desplazamientos mediante el plano

inclinado; caben movimientos oscilatorios similares a los del resorte vertical.

2.7 - Aquí tratamos de un sistema con figuras vagamente antropomórficas,

con una tolerancia de iluminación muy crítica, insuficiente para distinguir la

precisión de las formas. Las figuras son pasibles de ser confundidas a menudo

con sombras de figuras.

Tampoco es posible precisar si estas sombras son las sombras de las

figuras que integran el sistema, o de figuras externas al mismo.

Los movimientos son equivalentes a los ya descriptos para otros sistemas.

El tamaño de las figuras varía de acuerdo con la composición de lugar de

cada uno de los observadores que intervienen en la experiencia, y va desde

figuras cuyo tamaño es aproximadamente el mínimo observable (partículas

puntiformes) hasta figuras o sombras de figuras del tamaño aproximado al de

una gallina.

El carácter vagamente antropomórfico de las figuras que se describen

estriba fundamentalmente en la presencia de apéndices similares a brazos,

piernas y cabezas, y en los movimientos, que se describen como similares a

los movimientos natatorios del ser humano adulto.

2.8 - Se propone un sistema consistente en la figura de un nadador que salta

desde la punta de una roca a las profundidades del mar, describe una

prolongada curva cerca del fondo y luego sube verticalmente, con la cabeza

alzada, hacia la superficie y vuelve a trepar a la roca.

Se propone, asimismo, enriquecer el sistema con la presencia de otras

figuras tales como peces, algas marinas, corales, etcétera.

2.9 - Se propone un sistema seco con elementos predominantemente

metálicos, y ásperos al tacto.

Se propone, asimismo, que el límite inferior del sistema consista

fundamentalmente en vidrio y arena.

2.10 - Se propone un sistema con la particularidad de que cada uno de sus

elementos tenga la propiedad de transformarse en cualquiera de los otros del

sistema, con la condición de que aquél en que se haya transformado se

transforme a su vez simultáneamente en otro distinto (de sí mismo y de aquel

que se ha transformado en él).

Se propone investigar el funcionamiento de este sistema en relación con

otros, y anotar los resultados.

2.11 - Se propone un sistema tridimensional ideal, sin tiempo. En él los

elementos son estáticos.

2.11.1 - No se concibe actualmente la posibilidad material de la realización

práctica de un sistema tal, ya que es necesario tener en cuenta la acción

entrópica del tiempo en los elementos, así como en los límites del sistema

(envejecimiento/ desintegración).

En este caso, la dinámica del sistema está dada por las variaciones

entrópicas (de masa, presión, densidad, resistencia, etcétera) que configuran

los movimientos de búsqueda del equilibrio del sistema.

2.12 - Se propone un sistema bidimensional, con figuras planas en

movimiento sobre un límite plano.

Se propone interferir experimentalmente tal sistema por medio de la

utilización de elementos tridimensionales.

2.13 - Se propone un sistema con elementos que actúan unos sobre otros por

medio de la succión.


Capítulo tercero


La vecina de enfrente


3.1 - Se propone conectar entre sí distintos sistemas a través de probables

elementos comunes, sean éstos figuras o modos de funcionamiento.

Se propone por este medio crear un sistema cerrado de sistemas cuasicerrados,

y estudiar su funcionamiento.

Este sistema de sistemas se denomina supersistema.

3.1.1 - Se propone asimismo estudiar el nuevo funcionamiento de cada uno de

los elementos comunes a los sistemas, sometidos ahora a nuevos campos de

influencia.

3.2 - Se propone la creación de un supersistema integrado por dos sistemas

cerrados, en cada uno de los cuales se practica una abertura para permitir el

intercambio de elementos.

Se trata de un sistema cerrado con figuras esféricas en movimiento que

buscan su equilibrio, y un sistema cerrado con figuras cúbicas en movimiento

que buscan su equilibrio.

Se estudian las variaciones en el funcionamiento del primer sistema, del

segundo sistema, y del funcionamiento del supersistema así creado.

3.3 - Se trata de figuras en movimiento de diversas formas y volúmenes,

animadas por un movimiento de suma lentitud, que comienzan a ser

sometidas al campo de influencia de un segundo sistema recién integrado —a

través de un tercer sistema, carente de elementos, de forma tubular.

Se observa la lenta reacción de las figuras al nuevo campo de influencia y

la generación de nuevos tipos de movimientos.

3.3.1 - Se observan movimientos de atracción y de repulsión, en las figuras de

un sistema, con respecto a cada una de las figuras del otro sistema integrado,

y nuevos movimientos de atracción y de repulsión hacia las figuras que

inicialmente formaban parte del mismo sistema; lo propio se observa en el

segundo sistema.

3.3.2 - Se observan movimientos de búsqueda de equilibrio con respecto a

cada uno de los sistemas cuasi-cerrados y también movimientos similares en

su supersistema.

3.4 - Se propone someter a un supersistema integrado por dos sistemas con

elementos disímiles a la acción transitoria de campos de influencia de

distintos supersistemas; es decir que los elementos de uno y otro sistema del

supersistema reciben influencias fugaces, no reiteradas ni sistemáticas, y se

estudia entonces el comportamiento del supersistema y de cada uno de los

sistemas cuasi-cerrados que lo integran.

3.4.1 - Los supersistemas que se utilizan transitoriamente como campos de

influencia forman el supersistema sometido a estudio, el llamado hipersistema

transitorio.

3.4.2 - Se definen además los hipersistemas como «sistemas de

supersistemas».

3.5 - Se propone un supersistema cuyos elementos sean cuatro sistemas cuasicerrados,

integrados cada uno de ellos, a su vez, por los elementos que se

detallan:

para el primer sistema, se propone un número finito pero extenso de

figuras pisciformes, dentadas, con movimientos sistemáticos

articulados de mandíbulas y movimientos corporales de traslación

rectilínea uniforme y de elevación y descenso lentos en la búsqueda de

su equilibrio; se propone que cada una de las figuras descriptas se

mueva siempre conjuntamente con las otras, con las que guarda

siempre una misma distancia, evitando movimientos individuales

aislados no acordes con el resto de los elementos integrantes de este

primer sistema;

para el segundo sistema, se propone un número reducido de figuras

antropomórficas femeninas, con movimientos natatorios humanos,

independientes e individuales;

para el tercer sistema se propone un número extenso de figuras

pequeñas, de colores vivos, con los más diversos tipos de movimiento

independiente, recomendándose que estas figuras guarden el menor

parecido posible con las formas habituales que puedan encontrarse en

la realidad cotidiana;

para el cuarto sistema, se propone un número poco extenso de figuras

vaporosas y cambiantes, de dimensiones variables pero siempre

mayores que las figuras descriptas para los sistemas anteriores.

Se propone combinar los sistemas antedichos en un supersistema,

conectándolos entre sí por medio de pequeños sistemas tubulares carentes de

elementos propios perceptibles, que permitan un apropiado (lento, constante,

aleatorio) intercambio de las figuras en movimiento.

3.5.1 - Se propone integrar este supersistema a un hipersistema complejo, de

límites amplios.

3.6 - Se propone un hipersistema integrado por supersistemas cerrados,

integrados a su vez por sistemas cerrados, estudiándose la posible influencia

entre los elementos de unos y otros por contigüidad, paralelismo, campos de

influencia visuales / psicológicos / electromagnéticos / desconocidos /

etcétera, y la diferencia de funcionamiento de este hipersistema, si ella existe,

con las formas tradicionales de funcionamiento observadas en los

hipersistemas integrados por supersistemas cuasi-abiertos, conectados entre sí

y con la posibilidad de intercambio material de elementos.

3.7 - Se propone un hipersistema integrado por supersistemas abiertos de

sistemas abiertos, recomendándose la previa identificación precisa de los

elementos que integran cada sistema para estudiar posteriormente las

variantes eventuales en los movimientos de búsqueda de su equilibrio.

Capítulo cuarto


El paseo de los domingos


4.1 - Se propone la creación de un sistema metálico, integrado por un número

impar de elementos esféricos, todos iguales entre sí, de un diámetro de 4.5

mm cada uno.

Estos elementos esféricos se deslizan por una compleja estructura de

planos inclinados, que desembocan en un receptáculo también metálico, con

tantos casilleros como elementos esféricos contiene el sistema.

Cada casillero se diseña con el criterio de permitir la contención de uno y

sólo uno de los elementos esféricos.

Los elementos esféricos se deslizan por la estructura de planos inclinados

a razón de uno cada segundo y medio (= 45 por minuto), produciendo un

sonido audible al ocupar cada uno de los casilleros.

En el momento en que el último elemento metálico ocupa el último

casillero libre, y antes de recomenzar todo el proceso, se escucha el sonido de

unas castañuelas, accionadas por una mujer profesional de la danza española

que también se incluye como elemento del sistema.

4.1.1 - Se propone la observación del funcionamiento de este sistema sin

introducción de variantes.

4.2 - Se propone la creación de un hipersistema consistente en un solo

elemento (amorfo, lábil, carnoso) sometido a la influencia de varios campos

de gravitación artificiales de acción intermitente y aleatoria.

4.3 - Se propone la creación y observación de varios sistemas derivados de un

sistema-patrón, consistente en dos elementos móviles en busca de su

equilibrio ubicados entre límites propicios y complementarios por estructuras

rígidas adecuadas.

Los límites serán opacos, configurando el conjunto la réplica de un

cuarto-habitación.

El observador se ubicará ante una abertura practicada sobre uno de los

límites verticales del sistema. Esta abertura estará ubicada a unos 60 cm del

suelo y tendrá la forma de agujero de cerradura.

4.3.1 - Los sistemas derivados de este sistema-patrón serán creados sobre la

base de variantes múltiples. Calidad del primer elemento, calidad del segundo

elemento; introducción de campos externos de influencia; introducción de

nuevos elementos, etcétera.

4.4 - Se propone la creación de un hipersistema integrado por varios

supersistemas de sistemas puramente sónicos, procurando que cada sistema

contenga el número y la calidad de elementos necesarios para que el

hipersistema sea capaz de contener el mayor número posible de elementos

sónicos audibles a escala humana.

Se propone fijar los límites materiales del hipersistema en un radio de

unos 125 metros cúbicos (unos m 5 × 5 × 5).

Se propone ubicar al observador aproximadamente en el centro del

hipersistema.

4.5 - Se propone la creación de un hipersistema integrado por supersistemas

consistentes en elementos líquidos, procurando que cada sistema contenga por

lo menos un elemento líquido de distinta densidad, color, presión,

temperatura, etcétera, de los elementos líquidos de cada uno de los otros

sistemas.

4.6 - Se propone la creación de un hipersistema integrado por supersistemas

de sistemas, cada uno de los cuales contendrá elementos en principio fijos al

límite inferior, cuya única posibilidad de movimientos de búsqueda de su

equilibrio consisten en el crecimiento orientado hacia el límite superior.

Se estudiará la interacción de los elementos de cada uno de los sistemas,

luego la interacción de los elementos de cada uno de los sistemas al ser

conectados para la creación de un supersistema, y lo mismo para el

hipersistema.

Se recomienda la observación indirecta del proceso por medio de la

filmación acelerada (una toma fija cada hora, durante veinticuatro meses).

4.7 - Se propone la creación de un hipersistema complejo, integrado por

supersistemas de estructuras rígidas complejas y elementos móviles de muy

variada forma y diferente tipo, conectados entre sí mediante sucesivas y

apropiadas demoliciones de límites de cada supersistema y de los sistemas

que en él se encuentran incluidos.

Se propone incluir en el hipersistema creado un sistema de límites

totalmente demolidos integrado por una cantidad notoria de elementos

móviles correspondientes a figuras antropomórficas masculinas primitivas,

cuyos movimientos de búsqueda de su equilibrio consistan en la persecución

constante de un elemento único distinto de esos otros elementos más arriba

descriptos.

4.8 - Se propone la observación del cosmos considerado como un

hipersistema, integrado por complejos supersistemas consistentes en

complejos sistemas cuyos elementos más simples se correspondan con las

figuras en movimiento permanentes más pequeñas descubiertas por la física

contemporánea.

Se propone anotar el resultado de las observaciones.

4.9 - Se propone la creación de un hipersistema integrado por supersistemas

de sistemas cuyos únicos elementos perceptibles sean letras.

4.10 - Se trata de hipersistemas/elementos que se mueven en búsqueda de su

equilibrio.

Se trata de elementos/hipersistemas que se mueven en búsqueda de su

equilibrio.

4.11 - Se trata de abstracciones en movimiento que buscan su equilibrio.

Capítulo quinto

Los extraños indígenas

5.1 - Se propone crear un sistema abstracto, integrado por una cantidad

incierta aún de elementos abstractos, indefinidos e inobservables, pero

capaces de promover en el observador una serie de movimientos emocionales

de búsqueda de su equilibrio.

5.1.1 - Los elementos abstractos del sistema estarán representados por

símbolos, consistentes en números, letras y signos.

Estos símbolos serán a su vez elementos de un sistema que representará

en su conjunto al sistema abstracto propuesto inicialmente.

5.1.2 - Se creará un sistema de símbolos consistentes en imágenes, que se

utilizará para representar al sistema de números, letras y signos.

Este sistema de imágenes será representado a su vez por un sistema de

símbolos consistentes en palabras, frases y párrafos.

5.1.3 - Tanto los elementos del sistema de imágenes como los elementos de

este último que lo representa serán tales que permitan evocar en el

observador, del modo más aproximado posible, los movimientos emocionales

de búsqueda de su equilibrio promovidos por los elementos abstractos del

sistema abstracto.

5.1.4 - Se propone observar las reacciones del observador para cada uno de

los sistemas, y anotarlas.

5.2 - Se creará un sistema integrado por elementos correspondientes a las

figuras de observadores de sistemas, en movimientos de observación de

sistemas como formas de movimientos de búsqueda de su equilibrio.

5.3 - Se creará un sistema cuyos elementos consistan en la descripción precisa

y ordenada de todos y cada uno de los sistemas posibles, tratándose a todos y

cada uno de estos elementos como sistemas ellos mismos y describiéndose

todos y cada uno de los elementos que los componen, que a su vez serán

tratados como sistemas ellos mismos y así sucesivamente.

5.4 - Se creará un sistema erróneo, integrado por elementos compatibles entre

sí, y se lo someterá luego a la acción de un supersistema erróneo, integrado

por sistemas erróneos, y éste a la acción de un hipersistema erróneo.

Las observaciones y anotaciones correspondientes a este estudio estarán a

cargo de observadores rigurosamente seleccionados por una probada

incapacidad para distinguir el carácter erróneo del sistema y de los elementos

que lo integran propuesto para la observación.

5.4.1 - Se propone que las anotaciones recogidas mediante el método

expuesto en el parágrafo anterior sean utilizadas como punto de partida para

la construcción de un nuevo sistema.

Se propone la observación del nuevo sistema.

Se propone la comparación de las observaciones anotadas para cada

sistema.

5.5 - Se propone la creación de un sistema integrado por elementos reflectores

de imágenes, con movimientos de búsqueda de su equilibrio.

Se estudiarán las variaciones producidas en el sistema por la introducción

de distintos y diversos elementos consistentes en imágenes aptas para ser

reflejadas.

5.5.1 - Se propone asimismo la creación de un sistema integrado por

elementos semi-reflectores de imágenes, con movimientos de búsqueda de su

equilibrio.

La calidad semi-reflectora de los elementos permitirá que éstos se reflejen

a sí mismos a la par que reflejen a los elementos consistentes en imágenes

aptas para ser reflejadas que se introduzcan para estudiar las variantes en la

dinámica del sistema propuesto.

5.6 - Se propone la creación de un sistema integrado por elementos capaces

de acumulación de energía, cuyos movimientos de búsqueda de su equilibrio

consistan en desplazamientos varios y en la descarga de energía sobre

elementos conductores apropiados, y por elementos conductores apropiados

sensibles a, y modificables por, las descargas de energía.

Se introducirán asimismo elementos de este último tipo capaces de emitir

señales (sónicas/lumínicas/de otro tipo) de acuerdo con la menor o mayor

intensidad, frecuencia y/o calidad de las descargas de energía.

5.7 - Se propone la creación de un supersistema paradójico, inmerso en un

hipersistema heteróclito, cuya dinámica de búsqueda de su equilibrio consista

en movimientos tendientes a la destrucción de los elementos que integran

cada uno de los sistemas que lo componen.

Estos elementos contarán con movimientos de búsqueda de su equilibrio

tendientes a evitar su destrucción por parte del supersistema.

5.8 - Se propone la creación de un sistema integrado por elementos aberrantes

en búsqueda de su equilibrio.

Se dotará a este sistema de límites transparentes aberrantes, capaces de

confundir al observador en lo que respecta a la calidad de los elementos y a su

dinámica de búsqueda de equilibrio.

5.9 - Se propone la creación de un hipersistema vacío integrado por cantidad

de supersistemas vacíos de sistemas vacíos más un sistema integrado por un

único elemento consistente en una figura antropomórfica con movimientos de

búsqueda de su equilibrio.

5.10 - Se propone la creación de un hipersistema que sea réplica fiel de cada

uno de los supersistemas que lo integran, siendo a su vez estos supersistemas

réplica fiel de cada uno de los sistemas que lo integran, siendo estos sistemas

a su vez réplica fiel de cada uno de los elementos que lo integran, siendo a su

vez cada uno de estos elementos tratados como un hipersistema que sea

réplica fiel de cada uno de los supersistemas que lo integran, siendo a su vez

estos supersistemas réplica fiel de cada uno de los sistemas que lo integran,

siendo estos sistemas a su vez réplica fiel de cada uno de los elementos que lo

integran, siendo a su vez cada uno de estos elementos tratado como un

hipersistema que sea réplica fiel de cada uno de los supersistemas que lo

integran y así sucesivamente.

5.11 - Se propone la creación de un supersistema integrado por dos sistemas,

el primero de los cuales es capaz de contener al segundo y viceversa, y el

estudio de la dinámica del supersistema, de cada uno de los sistemas por

separado y de cada uno de los elementos que integran cada uno de los

sistemas en las distintas fases de influencia.

5.12 - Se trata de figuras en reposo. Estas figuras son individualizadas como

elementos pertenecientes a un sistema.

Se estudia la dinámica del sistema.

5.13 - Se trata de figuras bidimensionales provistas de un aparato óptico que

las hace aparecer como figuras tridimensionales.

Se estudia si en realidad los movimientos de búsqueda de equilibrio que

se observan son también o no producto de un aparato óptico, presunción

fundada en que el tipo de movimientos de búsqueda del equilibrio de estas

figuras, que forman parte de un sistema, sólo es posible en figuras

tridimensionales auténticas.

Se propone descubrir el truco.

Segunda parte

Secretos de una emperatriz de la China

Capítulo sexto



Los trenes nocturnos



1 - Se trata de varias figuras que buscan su equilibrio. Como una danza lenta,

ingrávida, en un aire espeso. Dolly, la muñeca rota, asciende en lentas

espirales. Relojes de arena descienden verticales cortando distintos planos. La

muñeca insinúa una permanente sonrisa seria y hay un dejo —tal vez

involuntario— de horror en sus ojos. El piano de cola gira, deslizándose sin

sonidos, en la zona más baja y de aire más denso, sobre la superficie plana y

encerada. Cuando un reloj de arena se posa apenas sobre esta superficie,

comienza un lento ascenso, mientras los otros todavía bajan.

Tres pájaros describen parábolas que se cortan en un punto. La luz es

escasa, y el silencio absoluto.

2 - En la cima redondeada de una elevación muy leve del terreno, una mujer

desnuda se mantiene firme y erguida sobre sus piernas abiertas. Un viento

moroso y muy caliente, que llega desde el fondo oscuro del paisaje, despeina

lentamente hacia adelante su larga cabellera y produce en sus vellos

ligeramente húmedos ondulaciones de culebra.

Un hombre viene arrastrándose con dificultad sobre el terreno. Un peso

enorme e invisible parece aplastarlo contra esa superficie adherente y áspera.

La luz es uniforme y escasa. Los raros sonidos, aislados y lejanos, no

pertenecen al paisaje —que parece absorberlos o anonadarlos. Hay un árbol

de ramas retorcidas y desnudas que se recorta sobre el horizonte, contra un

cielo gris plomo. Varios pájaros, que no pueden volar, tienen sed.

3 - La tierra se abre con dificultad aquí y allá y emergen oscuras y

complicadas raíces que crecen lentamente hacia el cielo, tejiendo a veces

redes que atrapan pájaros perdidos solitarios.

Sólo es posible ver siluetas, recortadas contra una enorme luna llena

estática cortada apenas por la línea del horizonte. Las raíces crecen

afinándose y ramificándose y sus terminaciones, delgadas como vellos, se

mueven como las antenas de los insectos; hacen ruido al crecer, crujidos secos

que parecen provenir de lo profundo de la tierra.

4 - Son las plumas de un pájaro, pero no hay pájaros.

Las plumas caen como flotando; no terminan nunca de caer, el aire es

cada vez más denso hacia la superficie de la tierra.

Las plumas blancas apenas se destacan contra el cielo gris. Como un árbol

más del paisaje, crece un alto reloj de péndulo, que marca un tiempo con la

esfera vuelta hacia el horizonte.

La superficie de la tierra es fangosa. Hay esferas de relojes de distintos

tamaños que reposan sobre la superficie, y algunas se hunden y no quedan

huellas. Los árboles, en dos hileras, forman una avenida que lleva la mirada

repetidamente hacia el horizonte; parecerían secos, si algunas de sus heridas

no supuraran una materia gomosa.

El único sonido es el tic-tac del péndulo.

5 - La tierra se abre con dificultad aquí y allá y emergen las cabezas

somnolientas de muñecas rotas que van abriendo los ojos con un dejo —tal

vez involuntario— de horror en la mirada de vidrio celeste, mientras cae la

lluvia monótona y brillante de minúsculos relojes de arena como gotas y un

único reloj de péndulo, labrado en un árbol centenario, marca el ritmo de un

tiempo arbitrario y pausado. Dolly tiene las piernas abiertas y sus vellos

húmedos crecen como raíces complicadas y oscuras que se van entretejiendo

como redes que aguardan ser estremecidas por el choque del cuerpo de

pájaros perdidos, solitarios, sedientos bajo el cielo gris plomo de ese paisaje

erizado de árboles con ramas retorcidas que se recortan contra una enorme

luna llena estática cortada apenas por la línea del horizonte sobre la que se

mueve con mucha fatiga la figura borrosa de un ciclista con sombrero de copa

y una negra levita cuyos faldones son agitados lentamente por un viento

cálido y moroso que llega desde el otro extremo de la tierra.


Capítulo séptimo


Los almacenes atestados


1 - Se trata de un par de caballeros con aspecto antiguo: altas galeras, lentes

redondos, cómica barbita en punta, levita negra de largos faldones, pantalones

y chaleco haciendo juego, la cadenita dorada de un reloj decorando el

chaleco, cuerpo erecto y actitud grave.

Cada uno de ellos sujeta fuertemente el extremo de una soga; tan

fuertemente como que en ello les va la vida o por lo menos la buena salud: los

dos extremos pertenecen a la misma cuerda, que puede girar sobre una

roldana colgada más o menos a la altura del segundo piso del edificio. Este

edificio muestra al observador solamente una fachada monótona, gris y sin

aberturas. La cuerda, en toda su longitud, llega casi hasta el suelo; pero en

estos momentos está repartida, casi por mitades, hacia uno y otro lado de la

roldana. Un caballero desciende lentamente, como si fuera la pesa del

mecanismo de un reloj cucú, mientras el otro, como si fuera la contrapesa,

asciende con la misma grave lentitud.

Ninguno de los dos ha logrado llegar a la calle; por algún motivo, antes de

que esto suceda, el que descendía se detiene y comienza, siempre muy

lentamente, a ascender; el otro, desde luego, a la viceversa. Cuando se cruzan,

se saludan; son capaces de afirmarse lentamente con la mano izquierda para

soltar la derecha y quitarse por un instante la galera.

2 - Dos caballeros con aspecto antiguo, en las escaleras mecánicas de una

gran tienda.

Una escalera sube, la otra baja; el caballero que está en la escalera que

sube intenta descender, y todos sus movimientos corporales son acordes con

ese propósito. El caballero que está en la escalera contigua intenta subir.

Ambos se encuentran a la misma altura, separados por las barandas

rematadas en pasamanos. No se miran entre ellos. No hay otras personas que

utilicen correctamente las escaleras y puedan servir como punto de referencia.

La resultante de todos los esfuerzos de ambos caballeros es un movimiento

vertical, ascendente y descendente, que los haría aparecer, vistos desde lejos y

sin distinguir los negros escalones, como si estuvieran haciendo gimnasia

sobre la punta de los pies —elevándose en una primera instancia en toda su

estatura, elevándose un poco más por el esfuerzo de levantar los talones y

sostenerse sobre los dedos de los pies, descendiendo luego hasta apoyar

nuevamente los talones sobre el piso, descendiendo luego un poco más por

efecto de curvar ligeramente la espalda.

De vez en cuando, uno y otro (pero no al mismo tiempo) extraen del

bolsillito del chaleco un reloj redondo, enchapado en oro, levantan una tapita

y miran la hora. Sacuden la cabeza con impaciencia.

3 - Un hombre y una mujer ascienden por una imponente escalera de mármol,

en un edificio que puede pertenecer a una oficina pública de importancia.

El hombre habla animadamente del trámite que deben realizar, se trata de

una formalidad, pero es imprescindible para el futuro de ambos. El hombre

habla animadamente sobre el futuro de ambos.

La escalinata parece interminable. Cuando lleguen arriba, el hombre —

que ya había estado allí anteriormente— sabe que hallarán una estatua

colosal, de metal oscuro sobre un bloque de piedra; y que a la derecha de la

estatua se abre un pasillo que los conducirá a la oficina indicada.

La mujer, si bien lo acompaña, no parece ser protagonista del trámite ni

muestra el menor entusiasmo por la empresa ni, al parecer, por el futuro de

ambos. Su aspecto no delata indiferencia, sino abstracción; como si estuviera

preocupada por problemas muy graves, como si todo aquello le pareciese de

una futilidad ridícula.

El hombre y la mujer ascienden por la escalinata. Curiosamente, mucho

tiempo después, el hombre recordará esta escena como si ellos hubiesen

descendido por una amplia escalinata de mármol, y allá abajo hubiesen

encontrado una estatua colosal, de metal oscuro sobre un bloque de piedra, a

la izquierda de la cual se abría el pasillo que los condujo hasta la oficina

indicada.

La mujer no recordará nada en absoluto.

4 - Un hombre y una mujer tratan de ascender por una amplia escalinata de

mármol.

El hombre habla animadamente. Con el calor de su discurso no advierte,

sin duda, que se trata de una escalinata mecánica que desciende.

El hombre y la mujer están siempre en el mismo sitio. La mujer no parece

en condiciones de advertir esto, ni tampoco de prestar mayor atención al

discurso del hombre —parece abstraída, preocupada muy intensamente.

El hombre, de pronto, advierte el ensimismamiento de la mujer y grita un

nombre. Ella parece recobrar por un instante la conciencia de sí, pero luego

vuelve a caer en su estado de abstracción. El hombre la toma de un brazo, y

continúan tratando de ascender, siempre en el mismo sitio.

5 - Un hombre y una mujer están tendidos en una cama de dos plazas.

La mujer yace de espaldas. El hombre se encuentra sobre ella. La mujer

tiene las piernas ligeramente flexionadas, y no realiza ningún movimiento. El

hombre murmura de tanto en tanto algunas palabras. Sus movimientos son

rítmicos y lentos. La mujer parece abstraída, como preocupada por algún

problema muy grave. Su rostro no expresa enfado, ni dolor, ni indiferencia —

sólo una intensa preocupación.

Curiosamente, mucho tiempo después, el hombre recordará esta escena

como si ellos hubiesen descendido por una amplia escalinata de mármol, y

allá abajo hubiesen encontrado una estatua colosal, de metal oscuro sobre un

bloque de piedra, a la izquierda de la cual se abre un pasillo que conduce

hasta la oficina indicada. La mujer no recordará nada en absoluto.

6 - Los hombres, en dos hileras, forman una avenida que lleva la mirada

repetidamente hasta el horizonte, donde está emergiendo una luna llena

enorme blanca; parecerían muertos, si de algunas heridas no manara sangre.

El único sonido es el que producen los tacos de unos zapatos de mujer

sobre escalones de mármol.

Capítulo octavo


Los edificios de coral


1 - Como si fuera posible, al zambullirse desde la alta roca, que el nadador

llegue hasta las profundidades del mar y contemple un espectáculo inusitado.

En un principio se trata, desde luego, de borrosos perfiles, casi una

prefiguración; al acercarse, con esos movimientos primitivos de brazos y

piernas, refugiado tras su mascarilla y alimentado por el tubo de oxígeno que

carga sobre sus espaldas, puede ir apreciando la escena con mayor nitidez;

una gran cantidad de figuras humanas, impecablemente vestidas de negro, con

pechera blanca, que ejecutan distintos instrumentos —dirigidos por alguien

que está de espaldas al nadador, un hombre alto, también de negro, con

cabellos largos y casi blancos, que empuña una batuta y la mueve

enérgicamente mientras de la orquesta brota un sonido apagado, sepultado por

toneladas de agua, la insinuación de una sinfonía de Brahms.

En la batuta, lo mismo que en el arco de muchos violines, y en otros

instrumentos, se han enredado algas verdosas, semitransparentes. La música

es más bien un sonido confuso y lejano, un barboteo, un ruido inusual en ese

silencio eterno de las profundidades, y tal vez el nadador escucha ese sonido y

lo identifica con música porque ve a los hombres de negro ejecutando

instrumentos. Para reconocer la obra sería preciso conocer muy bien la

partitura, tanto como pudieran conocerla el director y sus músicos después de

muchos ensayos. El nadador podría atribuirla a Beethoven o a Wagner —por

la energía de los movimientos de los brazos del director. Pero se trata de

Brahms.

2 - Un nadador que bucea en las profundidades ha creído descubrir el insólito

espectáculo de una orquesta sinfónica sobre el lecho del mar.

Avanza, con movimientos primitivos de brazos y piernas, trazando un

semicírculo; trata de ver de frente al director de la orquesta, quien se

encuentra de espaldas a él; quiere ubicarse, para este propósito, a un costado

de los músicos. Pero el movimiento inicial no llega a ser completado, porque

la atención del nadador es atrapada por el descubrimiento de algo que parece

ser el público que presencia la ejecución de la sinfonía: se trata de una

muñeca pequeña, rota, ubicada en el asiento natural de una roca, en el hueco

de una roca que semeja una pequeña butaca con respaldo. Y allí la muñeca

está reclinada, con una sonrisa fija, como extasiada por la música, y los muy

largos vellos negros de su pubis se han enredado con algas y con otras

formaciones marinas filamentosas, que los prolongan como formando una red

o una intrincada maraña de raíces que parecen fijarla a la roca o, más bien,

introducidas como raíces en el lecho del mar, asemejarla a una exótica flor

marina con forma de mujer, con sonrisa enigmática, con ojos que delatan un

dejo de miedo, o terror.

3 - En la superficie del mar varios náufragos tratan de asirse a los restos del

barco que se ha hundido; luchan por esos restos que no alcanzan para todos.

Las mujeres y los niños han sido los primeros en sucumbir. Ahora, la lucha es

sorda y casi mecánica; a muerte, pero casi incruenta.

Los restos del barco han descendido en su mayoría, o están descendiendo

lentamente hacia el fondo del mar. El nadador los ve descender como

flotando, como las grandes medusas que también descienden y parecen

paracaidistas sin un objetivo determinado; se dejan arrastrar por las corrientes

marinas, o tal vez por el viento.

4 - Los pescadores recogen la inmensa red, la izan hasta la cubierta

chorreando agua y algas y como un agua cuyas gotas son pequeños peces

plateados que escapan a la trama de la malla; al abrir la red, aparece, entre los

miles de cuerpos plateados palpitantes que se agitan con pequeños saltos

desesperados, la figura de un hombre: un nadador que ha perdido su tubo de

oxígeno, desvanecido, medio asfixiado, quien al serle aplicada la respiración

artificial comienza a revivir y a murmurar extrañas frases.

Luego, el hombre está desembarcado en un puerto lejano, aprenderá un

nuevo idioma, conocerá mujeres exóticas, emprenderá nuevos viajes a

distintos lugares, convivirá un tiempo con un pueblo indígena, buceará

muchas veces en busca de tesoros reales o imaginarios, su piel se irá

curtiendo hasta un grado alarmante, malgastará fortunas, jugará a los naipes

en sucias tabernas portuarias, tendrá cicatrices de cuyo origen preferirá no

hablar, aprenderá el lenguaje de los comerciantes dudosos de todos los

puertos, tendrá muchos hijos desconocidos, su espesa barba negra se irá

volviendo blanca, aprenderá a sonreír con los ojos, soñará frecuentemente con

una ciudad desconocida con edificios que recuerdan en cierto modo las

construcciones de coral, con colores muy vivos, muy brillantes, como

integrados por pequeñas superficies redondas y brillantes de distintos colores

que nunca se repiten.

5 - Los náufragos, que hasta el día de ayer convivieron amable, casi

alegremente, arrojados de pronto por un poder superior los unos contra los

otros; los náufragos, que han debido matar para sobrevivir, que han perdido

en instantes todas las adquisiciones de una cultura milenaria y que poco se

diferencian ahora de los tiburones y otras especies voraces que acechan no

lejos de allí; los náufragos, ahora, los pocos sobrevivientes, cada uno aferrado

a su madero, sienten el progresivo entumecimiento de las piernas y los brazos,

el frío progresivo contra el cual ya casi no tienen defensas, y tan silenciosos

como la noche oscura que ha caído sobre el mar, casi sin esperanza, esperan.

6 - En el fondo del mar, una muñeca rota que, ahora, ha adquirido casi una

vida vegetal de figura humana.

Las formaciones filamentosas que prolongan sus vellos y otras

formaciones (adherentes, calcáreas, coralinas) han creado un pequeño mundo

de actividad lenta e invisible, han penetrado su carne inerte y la han animado

con movimientos casi vegetales; sutiles y hasta penosos intercambios con el

medio, el trabajo casi inocente de crustáceos microscópicos, la laboriosa y

casi mágica fotosíntesis de algunos rayos de sol que llegan como con pereza o

fatiga hasta esa tierra olvidada —la hacen crecer desintegrándose, animan

cada una de sus fibras con un hálito de vida que se integra como si fuera

propio, le proporcionan movimientos y expresiones que nunca habría logrado

por sí misma, la visten con un ropaje que nunca tuvo, y al mismo tiempo van

minando y deshaciendo su cuerpo, transformándolo en formas de apariencia

monstruosa o grotesca, en un incesante proceso de intercambios donde la vida

se parece a la muerte, donde va perdiendo todo perfil propio a cambio de la

necesidad cada vez más firme de ser, de sentir, de crecer, de pensar.

7 - El director de orquesta baja los brazos e inclina la cabeza después del

acorde final; luego, tras una larga pausa, parece advertir por vez primera que

el barco se ha hundido.

Quiere entonces mirar el cielo; levanta, lentamente, la cabeza. Este

movimiento parece permitirle despegar los pies del fondo del mar y entonces

así, con los brazos bajos y el mentón hacia adelante, comienza a ascender

lentamente —sus largos cabellos grises, enredados por algas verdosas, casi

traslúcidos, ondulan lentamente como los filamentos de las medusas.

Mientras asciende a lo largo de una línea vertical imaginaria, con esa

actitud corporal que semeja la de una oración, los restos del barco siguen

descendiendo entre medusas que parecen estáticas, cardúmenes somnolientos

de movimientos horizontales y tímidos rayos de sol, que avanzan hacia el

fondo del mar como líneas de puntos, llegando rara vez al fondo, borrándose

casi siempre el último punto brillante de manera inexplicable, como

absorbido, como tragado por una masa de agua que quisiera contenerlo todo.

8 - Una figura humana, impecablemente vestida de negro y con pechera

blanca, asciende desde el fondo del mar hacia la superficie atravesando capas

de distinta densidad. Lleva la cabeza erguida, coronada por cabellos grises,

largos, y los brazos caídos a los costados del cuerpo.

Cada capa de agua parece ser un poco menos densa que la anterior,

porque la figura va aumentando su velocidad de ascenso en cada una de ellas.

Al principio el movimiento es sumamente lento; luego lo es menos, y en

instantes la velocidad se hará vertiginosa. El agua, por otra parte, se hace más

transparente, más luminosa, como adelantando un cielo azul y un aire

translúcido allá arriba en la superficie.

Crece la velocidad de la figura humana. Ahora, las capas son atravesadas

con tanta velocidad que casi no pueden contarse.

Por fin la cabeza gris, con cabellos prolongados por algas marinas

filamentosas, de un verde aguachento, casi transparentes, parece que abriera

un boquete en un muro, que rompiera en miles de fragmentos la superficie del

mar, formando un hueco por el cual asoma, y los ojos que estaban cerrados se

abren, y son inundados de luz, y la boca que estaba cerrada formando casi una

línea recta ahora se distiende en una lenta sonrisa y se entreabre, y los labios

se mueven como formando una palabra, tal vez un nombre.

El hueco en el mar sigue abierto, y tras la cabeza asoman los hombros y

luego todo el cuerpo, hasta que la figura humana queda de pie sobre la

superficie del mar; luego mira brevemente en todas direcciones, se encoge de

hombros y comienza a andar, sin saber tal vez adónde, pero con paso firme.


Capítulo noveno


Los tapices exóticos


1 - El primer rayo de sol que llega con la inclinación suficiente va a tocar la

superficie de una hoja de pino seca que se ilumina y brilla con un color

amarillo dorado que hiere la vista de un viajero solitario de ropas ajadas y

espesa barba negra mal cuidada y le llama la atención hacia el paisaje que

hasta ese momento no era capaz de ver ni de sentir, y así ahora, alerta,

descubre que los árboles se van como inyectando de color, como si el color

surgiera de ellos mismos, trasladándose desde secretos procesos en la savia

hacia la corteza que parecía madera seca, muerta, y que ahora, donde antes

había un gris oscuro o negro, comienza a mostrar primero matices en el gris

oscuro y luego a revelar otros colores y otros matices de colores: el verde,

como musgo que brotara entre los innumerables pliegues y grietas de la

corteza, y que mirando con atención muestra también pequeños puntos de un

color rojo muy vivo, como sangre o esmalte de uñas o coral, que al ser

descubiertos van pasando poco a poco a dominar sobre el verde y el gris,

formando como vertientes rojas que parecen las venas del árbol, por las que

circulara una savia o sangre, y al circular fuera animando al árbol con un

movimiento aparente de juegos de colores y de luz y de sombra —que es la

forma de viajar que tiene el árbol, y el viajero reconoce ahora en este árbol a

otro viajero, y penetra en el bosque y descubre un proceso similar pero no

idéntico en cada uno de los árboles y también en las hojas secas, enrolladas en

forma de agujas, o en las otras, como palmas de manos extendidas, y al pie de

algunos árboles crecen hongos y musgos y hay plantas con flores pequeñas, y

en las flores gotas de rocío que contienen cada una de ellas todos los colores

en que se descompone la luz del sol, y todo el bosque se ilumina desde abajo

hacia arriba, hasta las altas copas, y este iluminarse es como transformarse en

construcciones de un vidrio viviente— porque todo se transparenta, todo

devela sus secretos, no hay un ser vivo que no muestre sus entrañas

palpitantes y explique los procesos internos que son su vida, y ésta es la forma

de viajar que tiene el bosque.

2 - Sobre la amplia cama, el hombre yace de costado, sobre el costado

derecho.

Tiene los brazos estirados, y sus manos oprimen los pechos de una mujer.

Ella también yace sobre su costado derecho. La mano izquierda de ella

oprime la cadera izquierda del hombre; la derecha se apoya con abandono

sobre la almohada, el brazo doblado. Las piernas de ambos están recogidas y

juntas, y ellos están unidos por sus sexos. Los movimientos son mínimos, y

hay pocas palabras, apenas murmuradas. Los ojos de ambos están abiertos,

pero luego se cierran.

Mucho tiempo después, el hombre recordará esta escena como si hubiese

llegado sin saber cómo al interior de un palacio desconocido.

Allí era recibido por multitud de mujeres hermosas y amables que sólo

deseaban complacerlo. Una habitación cuyo techo es tan alto que se hace

invisible, el piso y las paredes cubiertos por una gruesa alfombra roja muy

cálida y mullida, y tapices de terciopelo de distintos colores.

En el centro de la habitación hay una piscina circular con agua tibia y

perfumada. Las puertas y las ventanas tienen marcos dorados y por las

ventanas abiertas penetran a raudales los rayos dorados del sol de un país

meridional, y mirando a través de ellas puede verse un jardín de riquísimo

colorido y enorme extensión, bordeando sectores circulares donde hay árboles

cargados de frutas desconocidas, de distintas formas y colores, todos

brillantes. También en la habitación hay frutas, dispuestas en varias fuentes

circulares apoyadas sobre la alfombra roja del piso.

El hombre es recibido sin pompa ni majestuosidad, con cordialidad

auténtica, con amabilidad sincera, como si para quienes lo reciben él fuera

alguien de suma importancia, de una importancia real, no ficticia; él es

importante por ser quien es, y no por lo que tiene, ni por lo que se espera de él

que haga. Él es recibido como si quienes lo reciben fueran niños, que se

alegran de que él esté allí.

3 - También recordará el hombre esta escena como transitando por pasillos

complejos pero amplios y ricamente tapizados, a través de los cuales se

desliza sin ningún esfuerzo y con un sentimiento completo de libertad; es el

único lugar desconocido, el único lugar que atraviesa por primera vez sin

sentir ninguna clase de temor, como si de ese lugar no pudiera esperarse

ninguna sorpresa.

Sus ojos se extasían contemplando la riqueza que está integrada a las

paredes de los corredores, no como un adorno que pudiera quitarse o

cambiarse sino formando parte de ellas con lujosa naturalidad. También aquí

hay tapices aterciopelados, con un predominio del color violeta, y muchas

joyas auténticas incrustadas en las paredes o formando parte de los dibujos de

los tapices.

Estos dibujos son muy intrincados pero al mismo tiempo sencillos, porque

no forman imágenes complejas ni hay en ellos nada para ser descifrado o

interpretado; no aportan a los sentidos otra sensación que la del placer estético

y al espíritu otro estímulo que una exuberante alegría de vivir.

El hombre siente una exuberante alegría de vivir, que es transmitida por

los tapices sin necesidad de signos preestablecidos, por medio de la

combinación de colores expresados en dibujos geométricos repetidos y

variados, y aunque la trama de estos dibujos es realmente muy compleja los

dibujos en sí no lo son.

4 - El hombre recordará también esta escena como entrando en otra

habitación, donde cada mujer deposita a sus pies cantidades enormes de

piedras preciosas, llenas de colorido y brillo, y más que las piedras o el valor

de las piedras al hombre lo impresionan los gestos sencillos con que las

mujeres van volcando a sus pies los recipientes que las contienen, gestos y

ademanes naturales que no indican en absoluto humillación, adoración,

servilismo u otras actitudes similares, sino que expresan una natural alegría

porque él está allí, porque él es él y él está allí.

5 - El hombre recordará también esta escena como siendo entregado a los

tigres sagrados que juegan con él, y él acaricia sus sedosas y brillantes pieles,

con dibujos similares a los tapices, y que luego lo devoran para que él viva en

cada uno de ellos, y el hombre vive muchas vidas como tigre sagrado con una

piel brillante y sedosa, de dibujos sencillos de compleja trama, y también

recordará esta escena como siendo llevado por un río de aguas turbulentas,

aguas en las que se ahoga varias veces y vuelve a nacer, o como clavándole

banderillas a un toro y viendo brotar una sangre que es la única manifestación

en la Naturaleza de un rojo de ese tono, el rojo por excelencia, o como

sumergiéndose en una piscina bautismal y resurgiendo.


Capítulo décimo


Los manantiales eternos


1 - Se trata de un espacio plano, de luz uniforme, sin límites visibles,

monótono.

No como un viajero perdido en el desierto, una figura se desplaza.

2 - Se trata de un hombre de cabellos grises que camina a paso regular, a un

ritmo agradable, tal vez un poco más rápido que el ritmo de paseo, pero sin

ansiedad.

No es una actitud de paseo, o turística; hay una dirección, un propósito.

Pero el hombre no deja de expresar con su actitud el interés por lo que lo

rodea, aunque no lo rodea nada, y cualquiera sea el objetivo que determina su

dirección, él no parece tener prisa por alcanzarlo.

3 - Un hombre de cabellos grises se desplaza con un movimiento rectilíneo

uniforme. Prolongando esa línea recta imaginaria de su desplazamiento puede

verse, a mucha distancia, un objeto que parece pequeño y de colores

brillantes. La distancia es tal, sin embargo, que un observador ubicado en la

misma posición del hombre de cabellos grises no vería nada.

Mucho tiempo después, el hombre se acerca al objeto.

Ahora, un observador ubicado en la posición del hombre vería al objeto

claramente, aunque tal vez no podría definirlo. El objeto es mucho más

grande de lo que parecía desde la distancia. Es enorme. Es tan grande que

podría confundirse fácilmente con una ciudad.

4 - Un gran objeto, situado en un plano monótono, podría ser descripto como

una ciudad.

Esa ciudad parecería integrada por un gran número de edificios

conectados entre sí, o un solo gigantesco edificio con innumerables partes o

ramificaciones, un edificio-ciudad.

Los materiales con que está construida esta ciudad son esféricos y de

colores brillantes. Si realmente se tratara de uno o de varios edificios, podría

decirse que cada uno de los ladrillos o bloques que se han utilizado para su

construcción tiene la forma de una esfera, y que cada una de estas esferas, de

un material duro, pulido y brillante, tiene un color distinto, o que hay al

menos una gran variedad de colores que nunca se repiten a lo largo de

grandes superficies: faltan puntos de referencia precisos para poder afirmar

que determinado color es idéntico a otro, perteneciente a una esfera o a un

ladrillo ubicado a mucha distancia, y en otro plano con relación a aquél.

Tampoco es posible referirse con precisión a la forma del conjunto de

esferas o ladrillos, que hemos llamado «ciudad» o «edificio» o «edificiociudad

», pues se trata de una forma sumamente compleja que varía al irse

acercando al observador, a quien ofrece continuamente nuevos puntos de

vista, nuevas combinaciones de planos y colores, como si la ciudad o edificio

estuviese dotada de movimiento. Pero no lo está: quien se mueve realmente es

el observador, y es su desplazamiento lo que permite las variaciones en el

punto de vista, y son estas variaciones las que impiden referirse con precisión

a la forma.

Puede decirse que hay un predominio de las líneas curvas, que los colores

de las esferas y la reflexión de la luz crean confusión en cuanto a la distancia

entre los planos; que hay espacios huecos difíciles de ser advertidos como

tales, pues las esferas brillantes de un plano más alejado, por efectos del

color, de la luz y del movimiento del observador, pueden aparecer como

pertenecientes al mismo plano, ocupando ópticamente el lugar del hueco.

Las murallas que rodean a la ciudad no son rectas, sino sinuosas, y por

momentos parecen no ser tales murallas sino formas de la propia ciudad o

edificio. También es posible imaginar torres, iglesias, castillos, catedrales o

agujas de catedrales, cúpulas de museos o de observatorios, y formaciones

similares que están perfectamente conectadas entre sí, continuándose la una

en la otra, o que, como hemos dicho, son solamente variantes en la

construcción de un solo edificio gigantesco.

5 - Un hombre de cabellos grises, al aproximarse a un objeto lejano que

parecía irisado de brillantes colores, descubre que se trata de una ciudad, o de

un edificio gigantesco y múltiple, formado con esferas unidas unas con otras a

manera de ladrillos o bloques de construcción, y que estas esferas no tienen

en realidad coloraciones propias, sino que se trata de esferas perfectamente

brillantes que reflejan con perfecta nitidez los colores de lo que las rodea.

En este caso, sólo reflejan el límpido azul del cielo, el gris-amarillo del

suelo plano y monótono, y al propio hombre de cabellos grises.

La superficie de cada esfera trabaja como un espejo de aumento, y es

capaz de recoger una superficie minúscula coloreada y reflejarla aumentada

como un color puro y brillante, ocupando una superficie mucho mayor de la

que realmente tiene. Así, el cabello gris del hombre produce multitud de

coloraciones, puesto que una esfera recoge una pequeña superficie de uno de

los cabellos negros, otra una mota de polvo amarillo del camino, otra un trozo

pequeño de superficie de cuero cabelludo rosado, otra uno de los colores del

arco iris en que se descompone la luz blanca al reflejarse en un punto de uno

de los cabellos negros.

Así, la flor que lleva en el ojal de la solapa impecable del traje negro es la

causa de tantas esferas que aparecen con todos los matices del rojo,

anaranjado, blanco, negro, verde, violeta, amarillo y otras tonalidades

imposibles de precisar por su variedad y la finura de sus matices.

De acuerdo con la forma del trozo de construcción que ocupa cada esfera

puede, además, reflejar la coloración de un pequeño trozo de la superficie de

otra esfera.

6 - Cuerpos muertos de náufragos flotan un tiempo, asidos algunos todavía a

maderos que también se van corrompiendo por la acción del agua, de los

elementos químicos que contiene, de distintas clases de animales y vegetales.

Al cabo de un tiempo, son varios los esqueletos que han ido a yacer sobre

el lecho del mar, del mismo modo que los esqueletos de los náufragos que no

habían logrado asirse a ningún resto del barco, o que habían sido asesinados

por los últimos sobrevivientes en la disputa por estos restos.

Yacen en el lecho del mar y no tardarán en ser colonizados por

formaciones vegetales y animales a quienes servirán de sostén y refugio;

todos, salvo uno, que ha quedado todavía asido a su madero.

Éste deberá esperar que el madero se desintegre por la acción de los

elementos ya indicados, o bien que sea también, como él, colonizado por

distintas especies vivas que lo irán modificando, y ciertas formas calcáreas

que le darán el peso necesario para irse hundiendo, como flotando pero cada

vez más próximo al fondo del mar, o bien ser arrastrado por corrientes hacia

alguna playa, donde ambos, esqueleto y madero, serán secados por el sol, o tal

vez enterrados y desenterrados por las mareas hasta que al fin, alguna vez

quizás, queden quietos en alguna posición definitiva.

7 - Músicos de orquesta sinfónica, en el fondo del mar, han quedado aferrados

a sus instrumentos y poco a poco se han ido transformando en esqueletos por

la acción de elementos marinos; corrientes marinas o la acción azarosa de

peces y otras especies les habían otorgado por momentos cierta renovada

apariencia de vida y, en algunos casos, los instrumentos habían vuelto a sonar

azarosamente.

Un observador desprevenido habría tal vez creído escuchar como el eco

apagado de una sinfonía de Brahms en el fondo del mar, y este efecto se

habría reforzado notablemente con el movimiento de los cadáveres.

Ahora, mientras el piano se va cubriendo de algas y algunos violines y

violonchelos han escapado de las manos que los aferraban y flotan sobre el

mar, el contrabajo asciende lentamente, arrastrando el esqueleto del

contrabajista que ha trabado los huesos de una mano entre las cuerdas. Llega

un momento en que los pesos de equilibran, y el contrabajo ya no puede

ascender; vaga, flotando, todavía un poco lejos de la superficie, arrastrando el

esqueleto que, como él, se va vistiendo de algas y otras formaciones

filamentosas.

8 - Huesos de la mano de un esqueleto humano trabados entre las cuerdas de

un contrabajo.

9 - Esqueletos de náufragos que se habían aferrado a maderos descienden, se

cruzan con un esqueleto flotante asido a un contrabajo que quiere ascender.

En el fondo del mar, varios esqueletos en distintas posiciones; un piano;

una muñeca rota que parece tener cierta vida; el esqueleto de un barco.


Tercera parte



Hormigas en las grietas de un muro



Capítulo undécimo


Los pájaros


1 - Un hombre de cabellos grises recorre el edificio gigantesco o una ciudad,

integrada por millones de esferas que reflejan, aumentándolo, el color de

cualquier superficie.

En su desplazamiento el hombre debe ascender y descender, difícilmente

trasladarse en línea recta porque ha abandonado la superficie plana que tras

mucho andar lo ha llevado allí, y este edificio, o esta ciudad, tiene muy pocos

trechos llanos.

Consiste en multitud de habitaciones, por así llamarlas, o más

propiamente estancias, de muy variados tamaños y formas, conectadas todas

entre sí de distintos modos.

Los pisos también están formados por esas esferas, lo cual ha obligado al

hombre a quitarse los zapatos para no resbalar; el pie se adapta

magníficamente a las esferas, y el hombre puede ascender o descender,

incluso trepar, con la mayor facilidad.

En algunas estancias nunca se sabe bien si uno está dentro o fuera, porque

una pared suele prolongarse hasta el exterior de una estancia y allí se

transforma en una especie de muralla irregular que va pasando desde una

posición vertical, propiamente de un muro, a una posición horizontal, por el

procedimiento de ir ensanchándose el espesor y demoliéndose o rebajándose

su parte inferior y/o su parte superior; así, muchos de estos muros parecen

cintas que se van retorciendo, y en la prolongación vuelven a transformarse en

muros verticales que pueden formar parte o no de nuevas estancias, a las

cuales es posible acceder por alguna abertura similar a una puerta, o por un

hueco circular como un ojo de buey, o simplemente encontrarse uno dentro

sin haber tenido ningún punto de referencia, creyendo hasta ese momento

encontrarse todavía afuera.

Así se suceden las estancias del edificio o los edificios de la ciudad, sin

que en ningún momento aparezcan límites precisos ni tampoco construcciones

de ningún otro material que las esferas reflectoras.

2 - Las variaciones del color son infinitas, y también un oído aguzado —como

lo es sin duda el de este hombre de cabellos grises, quien muchas veces se ha

detenido con toda la actitud de quien escucha atentamente—, un oído aguzado

podría percibir infinitas variaciones de unos sonidos musicales, producidos tal

vez por la reflexión, en las esferas, de distintos sonidos que se producen a su

alrededor como los pasos del hombre, como el viento o la lluvia, como el

grito lejano de algún pájaro en el bosque, o el más cercano arrullo de las

palomas que habitan los lugares más altos de esa gigantesca construcción.

3 - Puede ser el ruido del viento, de la lluvia o de unos pies descalzos que

caminan, o el canto de los pájaros en un bosque cercano o el arrullo de las

palomas en las partes más altas de una ciudad; pueden ser todos estos sonidos,

recogidos, amplificados y combinados por una serie de ecos en los ladrillos

esféricos de la ciudad; puede ser también el sonido de una sinfonía de Brahms

bajo el agua o una música que, sin escucharse, forma sin embargo parte de un

sueño, o es la estructura misma de ese sueño.

4 - Hay un sonido profundo, largo, como una queja sorda y prolongada.

Al principio es apenas audible, como si transcurriera pegado a la

superficie de un pantano, sin poder despegarse; luego crece, trabajosamente,

con verdadero esfuerzo, aunque no logra despegarse mucho de esa superficie

que busca retenerlo.

Este sonido aparece un poco más tarde como pautado por otro sonido,

leve pero más libre de esa materia adherente; un sonido que puede aparecer en

distintos lugares, más abajo o más arriba, o desplazarse hacia adelante y hacia

atrás. Podría ser como el tic-tac de un reloj péndulo; intermitente, rítmico,

pero menos mecánico, con más gracia; sujeto, pero con cierta libertad dentro

de su sujeción. Tampoco es metálico. Es una pequeña vibración, sin un golpe

que la provoque, sin un origen perceptible, y las ondas que prolongan este

sonido se van apagando sin que tampoco pueda percibirse claramente cuándo

terminan.

Mucho más tarde, del sonido primero —que no logra despegarse de ese

fondo pantanoso— parece nacer otro, más claro, más liviano, más agudo. Se

hace oír, al principio, con cierto titubeo; no está definido en su timbre ni en su

actitud. Aparece brevemente y se oculta, o se esfuma. Como pinceladas de

color en las tinieblas que parecen emanadas del pantano y que fueran

absorbidas por las mismas tinieblas.

Después, el nuevo sonido se va haciendo más frecuente, más permanente,

más constante; pareciera apoyarse en las pautas del otro sonido, que tal vez

tuviera su origen en un reloj de péndulo o unos pies descalzos que marchan

con regularidad sobre una superficie discontinua. El sonido nuevo, las

pinceladas de color en las tinieblas, va haciendo apariciones más frecuentes

hasta dar cierta idea de continuidad; no termina de borrarse una pincelada

cuando aparece otra, más apegada o más viva, apoyándose siempre en las

pautas rítmicas, y aunque no logre trazar una línea que permanezca, va dando

idea de una línea.

Es una línea sinuosa, y el sonido conserva todavía mucho de la queja

sorda que lo alimenta, pero su voz va adquiriendo tonalidades de terciopelo, a

veces violeta, a veces rojo oscuro, borra de vino y se hace más intenso, más

tenso, más audible, más firme al apoyarse en las pautas y, como si ahora los

pies descalzos subieran por escalones esféricos, puede ascender, y se adhiere

a veces a esas pautas rítmicas para poder acercarse o alejarse, va aprendiendo

de las pautas los recursos de la libertad.

Vacila, a menudo, como si temiera caer; entonces desciende unos

peldaños, retorna a la voz oscura que le dio origen; descansa confundiéndose

con la opacidad del sonido pegado al pantano y luego cobra impulso para

volver a trepar. Por momentos lo hace de modo brusco, casi como en un

intento de volar; sube rápidamente, de dos en dos o de tres en tres los

peldaños pero luego queda allí, prolongado en el placer o en el terror del

vértigo, y se hace más cauteloso, pegándose casi una pincelada con la otra,

más aterciopelado, más tierno.

Una de estas subidas bruscas se asemeja a un grito; podría ser el sonido,

trabajado por ecos sutiles, del chillido de un pájaro de la costa; un grito

dulcificado, transformado en un acorde de notas puras, descompuesto tal vez

por las múltiples reflexiones de las esferas en una gama muy variada de

sonidos puros, que se recombinan luego y se perciben como un acorde

musical, armónico.

La línea parece, con el paso del tiempo, aprender este recorrido,

ejercitarse en las subidas bruscas, y estos gritos se unen trazando también una

especie de línea sinuosa, otra línea, donde cada grito es la pincelada que

reabsorben las tinieblas, una línea sinuosa en otro nivel; mientras, la línea

primitiva, como si las pinceladas tardaran ahora más en disolverse, también

permanece, también da idea de continuidad; más pegada al sonido inicial, más

cerca de la superficie pantanosa, menos libre.

La nueva línea da subidas bruscas y juega más fácilmente con las pautas

rítmicas, apoyándose en ellas y esquivándolas, saltando por encima o creando

un hueco para ellas. El terciopelo transformado en gritos se hace más rojo, tal

vez anaranjado, y luego parece aprender a quedarse arriba, apoyándose de

tanto en tanto en las pautas o en pautas nuevas, que él mismo va creando,

jugando con su propia sustancia.

Así, lo que se describía como terciopelo puede describirse ahora como

plumas, plumas rojas o anaranjadas, también blancas, celestes o azules;

plumas o pájaros y la música vuela, más aguda, más aguda y puede volar y

descansar mientras vuela como un pájaro que cesa de batir las alas y las

mantiene abiertas dejándose llevar por su propio impulso (inercia),

batiéndolas a veces brevemente, levemente, sabiamente, como quien toca

apenas el péndulo de un reloj en el momento justo para mantener su ritmo con

el menor esfuerzo; la música vuela, salta y vuela, vuela y descansa, y a veces

ríe, y a veces es sonrisa pero también lamento, y cuando es lamento trae el

recuerdo, quizás, de la voz que sigue oyéndose pegada al pantano, de las

pinceladas que las tinieblas devoran; contiene a su propio origen y lo expresa,

el lamento de la música es memoria de todas sus edades; hasta memoria de la

lluvia o el viento o los pies descalzos o los pájaros del bosque o las palomas

de las partes más altas de la ciudad; y puede describirse, ahora, como un

sinfín de pájaros que surgen uno tras otro y pasan con alas desplegadas y

vuelven a pasar y se elevan, despegados de las tinieblas del pantano, en el

cielo azul.

Capítulo duodécimo

Las flores

1 - Notas musicales, tal vez de una sinfonía, o de un concierto; un observador

dotado de una especial sensibilidad táctil podría percibir una textura en la

disposición de las ondas sonoras.

A distintos niveles con relación a una superficie que determina el límite

inferior, podría comprobar distintas texturas: en el nivel inferior, un tacto

espeso, cálido, pegajoso; más arriba aún, las vibraciones semejarían pequeños

soplos de aire. Entre un nivel y otro, distintos matices: tacto de tela basta o

esponja, de una tela más fina, de algodón, de plumas, etcétera.

La persistencia de las vibraciones en el espacio va determinando

formaciones perceptibles al tacto, que el observador, con los ojos cerrados, es

capaz de traducir en imágenes visuales; formaciones que van creciendo en

dirección vertical, como una pila de monedas; formaciones en semicírculo,

que parten del plano inferior, se elevan gradualmente y gradualmente retornan

al mismo; formaciones que a su vez van creando como un sedimento, como

una base o pedestal para permitir que otras formaciones vayan

desenvolviéndose por encima, ahora en una multiplicidad de aspectos.

Pero la persistencia de las ondas sonoras es relativa; como pinceladas de

color que fueran absorbidas por otro color, mucho más obscuro y de mayor

superficie, estas formaciones perceptibles al tacto terminan por desvanecerse

en el espacio, aunque otras vibraciones sonoras las van sustituyendo,

manteniendo el equilibrio de todo el conjunto en perpetua transformación.

El observador de ojos cerrados que recibe en toda la superficie de su piel

las vibraciones y es capaz de ubicarlas mentalmente en el espacio y de

reconocer su forma y traducirla en imágenes visuales, ahora puede visualizar

una escultura, o una serie de esculturas, en constante proceso de formación y

desintegración.

Nuevas formas vienen a sustituir a las anteriores, aunque no es una

sustitución total ni radical; es un llenado de pequeños espacios deteriorados,

un apuntalamiento sonoro en ciertos huecos silenciosos, precisamente allí

donde se hace necesario para mantener la arquitectura equilibrada del

conjunto. Son como pequeñas piezas que se gastaran y fueran rápidamente

sustituidas, aunque muchos huecos silenciosos son respetados durante un

tiempo como tales porque convienen al equilibrio del conjunto.

Las nuevas piezas que se colocan allí donde hacen falta no tienen jamás la

misma forma de las que vienen a sustituir, y muchas veces esta nueva forma

le otorga al conjunto un sentido distinto, una figuración diferente.

El conjunto no se limita a permanecer en equilibrio espacial, sino que va

creciendo. Hacia arriba se hace más complejo y ligero, las formaciones se

vuelven sinuosas, como puentes o culebras que se entrecruzan, y los huecos

del silencio, más amplios.

Con el tiempo, y después de haberse construido miles de estatuas sonoras

que se integran unas a otras y se transforman unas en otras y todas en otra,

todo adquiere el aspecto de una enorme roca labrada, incluso de una montaña

trabajada por las lluvias y los ríos, con formas arborescentes que se elevan

hacia el cielo, con pájaros que sobrevuelan estas formas y más arriba nubes y

más arriba, todavía, cielo.

2 - Las ondas sonoras provenientes de una composición musical, sea ésta

producto del azar o de una creación deliberada, tienen un tiempo de

permanencia en el espacio, en el comienzo de su expansión hacia todas las

direcciones, y antes de que su energía sea transformada en otras formas de

energía.

Es en ese preciso momento en que pueden ser captadas como ondas

sonoras por un oído cercano, y hasta unos instantes más tarde —cuando la

frecuencia de la onda es tal que se ha vuelto inaudible— sería posible que

ciertas formaciones sonoras, vibrátiles, fueran accesibles a un sentido más

afinado del tacto o a una muy especial percepción óptica.

Un observador que estuviera dotado de este tipo de posibilidades

perceptivas podría ver, o palpar, las formaciones concretas que se producen

por efecto del tiempo de latencia de la vibración sonora en el espacio

inmediatamente contiguo.

Así, los sonidos continuados se alcanzan unos a otros, se apoyan unos en

otros, formando como líneas de colores que fulguran brevemente en el

espacio.

Estas líneas pueden tener distintos grosores y construir distintas figuras.

Los sonidos primeros, pegados a la superficie pantanosa, crean una formación

continua con el aspecto de una roca negruzca, como el lomo de una ballena o

como la base de una masa montañosa. Presenta el color y la consistencia del

barro. El movimiento es lento y la forma no varía de una manera notoria; unos

sonidos iguales o parecidos a los que se han diluido en el espacio vienen a

ocupar el lugar de éstos, creando la ilusión de esa masa compacta y

permanente; sólo pueden advertirse pequeñas variantes superficiales, como

capas de lava que se agregan a las anteriores o que corren por la ladera de la

montaña.

En la cima de la montaña donde, como hemos dicho, se mueven los

sonidos agudos, libres, fluctuantes, que trenzan figuraciones de mayor

movilidad y en cambio permanente, aparecen también con el tiempo

formaciones sonoras que semejan esferas, pequeños o grandes globos

translúcidos, como pompas de jabón en principio arracimadas pero que, poco

a poco, se van haciendo más sólidas, de aspecto cristalino o metálico

sumamente pulido en la superficie y con capacidad de independizarse de los

primitivos racimos, elevarse, dispersarse, flotar y luego volver a reunirse

respondiendo a otro tipo de necesidades o configurando otros tipos de

estructuras.

Una de estas estructuras, la última que ha aparecido a los ojos del

observador hipotético, semeja un enorme edificio de múltiples estancias o,

incluso, una ciudad de múltiples edificios conectados y entrelazados unos con

otros de manera perfectamente continua; una ciudad brillante y que, por

efecto de la capacidad reflectora de las esferas pulidas, unidas unas con otras

como ladrillos o bloques de construcción, presenta la facultad de mostrarse

con un fastuoso colorido, una impresionante mezcla de colores puros, de

todos los colores y todos los matices de los colores.

3 - Puede ser el ruido del viento, de la lluvia o de unos pies descalzos que

caminan, o el canto de los pájaros en un bosque cercano, o el arrullo de las

palomas en las partes más altas de una ciudad, pueden ser todos estos sonidos,

recogidos, amplificados y combinados por una serie de ecos en los ladrillos

esféricos de la ciudad; puede ser también el sonido de una sinfonía de Brahms

bajo el agua o una música que, sin escucharse, forma sin embargo parte de un

sueño, o es la estructura misma de ese sueño.

Cuarta parte


Ya que estamos


—Me parece que no vale la pena.

—Podríamos considerarlo.

—Considerarlo me resulta fatigoso.

—Todo resulta fatigoso últimamente.

—Por eso digo.

—Y lo que yo digo es que hay que decirlo. De todos modos lo estamos

diciendo.

—Ya lo dijimos.

—Podríamos no decir nada.

—No podríamos evitar pensarlo.

—Pero es fatigoso considerar lo inútil. También es fatigoso no

considerarlo.

—Pero si no consideramos lo inútil, lo inútil llega a perder utilidad.

—¿Cuál es la utilidad de lo inútil?

—Lo inútil es útil cuando lo útil se vuelve inútil. Lo útil ya se ha vuelto

inútil. Consideremos, por tanto, lo inútil.

Las voces susurradas, apenas audibles, de número incierto porque son todas

idénticas (puede ser incluso una sola) no se interrumpen jamás.

—Consideremos, mejor, lo imposible.

—Lo imposible no es más que una posibilidad remota.

—Quiero decir, lo no conveniente.

—Nada es conveniente.

—Nada, sino existir.

—Seguir existiendo.

—Ya que estamos.

—Sí, ya que estamos. Es lo más conveniente.

—Lo único posible.

—De acuerdo: lo único posible.

Las voces susurradas se vuelven inaudibles en el fragor de la ciudad que

crece. —Todo esto ya ha sido dicho.

—Todo ha sido dicho; también esto.

—Sin embargo, la forma de decir las cosas puede ser distinta.

—Y eso supone, tal vez, alguna diferencia.

—Tal vez, las cosas que se dicen de una manera distinta se hacen

realmente distintas.

—Sin embargo, una forma distinta de decir las cosas no puede ser distinta.

—Hay un punto óptico, un punto límite, un punto que marca la diferencia.

—Entre lo viejo y lo nuevo, entre lo mismo y lo diferente.

—Porque no hay viejo y nuevo, sino una constante que lentamente se va

ensanchando en su manera de ser expresada.

—De acuerdo con la presión que las cosas ejercen sobre nosotros.

—Nosotros, que debemos expresarlas.

—O no expresarlas.

—O no expresarlas.

Las voces susurradas no cesan jamás y sin embargo se hace difícil, ya,

recordar incluso su existencia.

—Me pregunto por qué nosotros.

—Me pregunto por qué no nosotros.

—Todo esto ya se ha dicho.

—Pero ahora nadie lo recuerda.

—Nadie lo vuelve a decir, ni a pensar.

—Pensar es inútil. Justamente por eso se vuelve útil.

—Porque cuando sólo se persigue la utilidad, sólo lo inútil llega a cobrar

valor. —Como el silencio, en medio de este ruido.

—El viejo, inútil silencio.

—Tan necesario como el aire y el agua.

—El aire, el agua, el silencio.

—Hagamos silencio.

—No es posible.

—Podemos no susurrar.

—Nuestro silencio no es el silencio.

—Sin embargo es silencio; nuestro.

—Nuestro susurro casi es silencio.

—Como nuestro color, que apenas podría distinguirse entre los colores.

—Nuestro color, que apenas se distingue del gris que nos rodea.

—Es extraño ese gris, suma de tantos colores.

—Y al fin, ese ruido, ¿no será un gran silencio?

—Un gran silencio.

—Silencio que aniquila.

—Los colores abigarrados son formas del gris que aniquila.

—Como las formas de la fatiga.

Las voces que susurran son apenas audibles para ellas mismas, entre el

ajetreo incesante de la ciudad que se derrumba.

Esta ciudad va dejando paso a otra ciudad. Quien lo advierte, se

transforma por ese motivo en extranjero, o en anciano. Esa torpeza de los

extranjeros y de los ancianos para encontrar las cosas.

Las voces que susurran no tienen relación directa con ningún lugar, pero

la alteración de los lugares y el bullicio que acompaña a esa alteración, y las

determinaciones secretas que rigen la alteración y el bullicio modifican las

voces y el diálogo susurrado.

—Habría que hacer algo.

—Algo estamos haciendo.

—Algo distinto.

—Ignoro si lo distinto es posible.

—Otra vez lo posible.

—Otra vez.

—¿Conciencia de los límites?

—¿O temor de que los límites existan?

—Existen.

—Y están muy cerca.

—Tal vez en nosotros.

—Tal vez en nosotros, o tal vez antes de llegar, desde adentro, a nosotros.

—Límites preexistentes a la conciencia de ser.

—En este punto, todo se vuelve impreciso.

—Sin embargo, los hechos son precisos.

—Es imprecisa nuestra captación de los hechos.

—Nuestra captación imprecisa también es un hecho.

—Y debe expresarse.

—Lo estamos expresando.

—Ya que estamos, lo estamos expresando.

La ciudad que agoniza, la ciudad derrumbada que va dejando paso a otra

ciudad en medio de tumultos y fragores que sepultan las voces que susurran y

las que no susurran, la ciudad no advierte que la nueva ciudad que parece

abrirse paso también agoniza, mucho más rápidamente, mucho más

opacamente; puede decirse que la nueva ciudad ha muerto antes de nacer,

que sólo ha servido para que la ciudad que debía darle a luz se derrumbara.

Las voces que susurran han sido sacrificadas al fragor inútil de dos

ciudades casi yuxtapuestas que agonizan, que ya murieron.

Los hombres ya no son habitantes; aquellos que sobrevivieron apenas

alcanzaron a reconocer con espanto que la ciudad nunca había sido para

ellos; y vegetan prisioneros del fragor que ahora, sí, sólo existe para sí

mismo, por sí mismo, más como rutina que como eco, apenas sólo, o sólo tal

vez, para acallar a las voces que susurran, o susurraban.

Sólo el fragor atenazando a algunos hombres, y un lúcido dolor que

busca abrirse paso entre los escombros para encontrar un nombre.

Pero el hombre necesita de las voces, y ahora las voces sepultadas por el

fragor ya no susurran porque no vale la pena, porque no podrían siquiera

escucharse a sí mismas.

Si pudiéramos quitar por un instante el fragor, levantarlo un instante,

alfombra o mortaja, tal vez, en medio del silencio, pudiéramos oír, sí, las

voces, que, ahora, no susurran; se han transformado en risitas burlonas,

risitas susurradas, y se hace difícil creer —aunque es verdad— que en ellas

radique la única auténtica esperanza de los hombres.

Resumen

Ya que estamos, te propongo un sistema consistente en la asistematización

absoluta de todo lo sistemático o, en otras palabras, destrozar la incongruente

máquina. Te propongo la creación de un hipersistema abierto donde todo es

posible.

Se trata de varias figuras que han renunciado a la búsqueda de su

equilibrio, entre ellas un pastor protestante con alas de libélula cuya corbata

de colores ondula graciosamente al viento; él pedalea en su bicicleta fija en

medio del gran estadio, y a sus costados pasan velozmente florestas y

campiñas; el camino sinuoso no lo desalienta, no va a ninguna parte porque

puede volar y no lo necesita. Una niña desnuda rueda sobre el pasto para caer

envuelta en alambres de púas y bichos colorados dentro del foso-trampa para

cazar niñas; agoniza sonriendo, contemplando su sangre que tiñe de violeta la

osamenta de un tigre —nadie le ha prohibido la muerte. Una bandada de

grillos revolotea sobre el pantano, lejano. Los árboles hacen tic-tac y una

vieja arrugada orina sobre las piernas tatuadas de un fenómeno de circo que

tendido bajo un árbol juega a las cartas con un vagabundo.

El pastor protestante pasa con su bicicleta entre los jugadores, arruinando

algunas cartas y llevándose el dos de oros adherido a una de las gomas

embarradas; el juego se vuelve complejo y confuso. Varios niños que

enrollaban una cuerda en torno de una columna dejan la cuerda y corren a ver

agonizar a la niña, rescatada del foso por un buen samaritano que la sostiene

en el aire con sus gruesos pulgares bajo las axilas y las manos oprimiendo los

minúsculos pechos; los niños se turnan bajo su cuerpo para recibir las gotas

de sangre en la boca y en la cara, y el largo gemido del viento entre los

árboles anuncia el preludio de la noche y la tormenta. La bicicleta del pastor y

otra, de un joven robusto y de cara redonda, se buscan sin saberlo para chocar

de frente con un violento estallido de vidrios y de pólvora; el pastor y ese

joven carirredondo sacudirán riendo sus vestiduras y enrollarán los restos de

sus vehículos en torno de sus cuerpos, pero tal vez el rayo al caer de

improviso evite el accidente: no por azar, sin duda, una serie de funcionarios

se abocan a la tarea de diseminar pequeños objetos de yeso en las

inmediaciones del castillo hundido en la laguna.

Aquí tenemos por fin al fenómeno de circo, al hombre tatuado con dibujos

obscenos y palabras acordes en idiomas extranjeros, lleva en las manos

algunas serpientes inofensivas y se desplaza lentamente hacia Occidente. Pasa

entre dos hileras muy largas de obesos maniquíes que parecen trazarle un

recorrido, pero uno de los maniquíes no es tal sino una mujer muy bella que le

ofrece sus labios. La niña agonizante invierte su agonía y recoge su sangre;

libre del buen samaritano vuelve a rodar en el pasto y a caer, ahora

deliberadamente, en el foso, y luego se hace un vestido con los restos de una

rueda de bicicleta abandonada a las puertas del estadio. Se oyen aplausos. La

tormenta pasa de largo y todo recomienza de otra manera, en otro lugar, desde

otro punto de vista; ya la noche no sucede en forma rigurosa al día, ni un año

a otro, ni el pez a la culebra, ni la vaca al demonio —porque aquel que no

teme al cocodrilo tiene buenos motivos para mirar al vecino por encima de la

cerca.

Se trata de varias figuras que lentamente cobran conciencia de sí mismas

y advierten poco a poco la necesidad de detener la estúpida carrera hacia

ninguna parte; miran sus propios ojos y advierten que el camino está en ellos.

1980

 

 

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